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COMO ABONAR LA DEMOCRACIA CON URANIO EMPOBRECIDO
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1er día Este aterrador
informe revela, desde mi punto de vista, el absoluto menosprecio de la
Administración Bush, no sólo hacia las otras culturas, sino también
hacia los sectores sociales de su propio país que integran las fuerzas
armadas y que, en muchos casos, se creen el cuento de que andan
sembrando democracia y libertad. La publicación Preventive Psychiatry E-Newsleter
dice lo siguiente: el número de militares norteamericanos que
participaron en la primera guerra contra Irak de 1990-91 y que hoy
padecen el llamado “síndrome del Golfo” es exactamente de: 518.739. En
las tres semanas que duró el conflicto sólo 467 efectivos
estadounidenses resultaron heridos. De los que retornaron, 11 mil han
muerto de enfermedades varias de las que el síndrome da cuenta. Arthur
Bernklau, director ejecutivo de Veteranos por la Constitución, señaló
que un 56 por ciento de los que volvieron entonces sufría “algún tipo de
problema médico crónico” en el año 2000, una década después. Se trata de
una proporción más que extraordinaria, tomando en cuenta que esa tasa
fue del 5 por ciento promedio como consecuencia de las guerras del siglo
pasado, aunque llegó al doble en Vietnam. 2º día Si usted ha
leído el artículo publicado ayer en esta columna convendrá conmigo que
la ética es una palabra vacía cuando de luchas por el poder se trata y
que el respeto por la vida y la dignidad humanas ha alcanzado uno de sus
niveles más deplorables de los últimos tiempos. Omitir la mención y la
condena a estos hechos es una forma de complicidad que debiera ser ajena
a la prensa. Desgraciadamente la prensa es hoy parte comprometida del
sistema y pedirle que critique aquello que le da de comer, está tan
ilusorio como pedir aun ciego de nacimiento que nos defina los colores.
No lo hará porque no puede. Escapa a sus posibilidades condenar e
inclusive ver objetivamente aquello que hacen quienes ella defiende o
representa.
A la nota de ayer, que justifica
estas reflexiones, debemos agregar que las fuerzas armadas de EEUU usan
proyectiles de uranio empobrecido en ciudades densamente pobladas como
Bagdad y Basora y que “según cálculos conservadores, emplearon, al
menos, 300 toneladas de este uranio en la Guerra del Golfo I y 1700
toneladas hasta ahora en la II –es decir, unos 70 gramos de veneno
radiactivo por habitante iraquí– sembrando muerte hoy y muerte futura.
Tal vez sea la forma que la Casa Blanca eligió para que se encuentren
finalmente armas nucleares en Irak. No sin costo para las tropas
norteamericanas: un estudio reveló que 8 de 20 soldados de una unidad
que participó en la invasión del 2003 presentaron el síndrome del Golfo
16 meses después”.
Si al horror narrado y a la institucionalización de
la mentira que es su decorado habitual le agregamos las cárceles
clandestinas, la tortura en Abu Ghraib, el atropello en Guantánamo y la
idea deslizada que podrían usar armas nucleares de baja intensidad,
convendrá conmigo que si no están locos, lo disimulan muy bien. Artículo sobre los Crímenes Genéticos en Irak y Afganistán por parte del Eje del Bien |