COMO ABONAR LA DEMOCRACIA CON URANIO EMPOBRECIDO


Por Guillermo Giacosa, publicado en el Periódico PERU21

1er día

Este aterrador informe revela, desde mi punto de vista, el absoluto menosprecio de la Administración Bush, no sólo hacia las otras culturas, sino también hacia los sectores sociales de su propio país que integran las fuerzas armadas y que, en muchos casos, se creen el cuento de que andan sembrando democracia y libertad. La publicación Preventive Psychiatry E-Newsleter dice lo siguiente: el número de militares norteamericanos que participaron en la primera guerra contra Irak de 1990-91 y que hoy padecen el llamado “síndrome del Golfo” es exactamente de: 518.739. En las tres semanas que duró el conflicto sólo 467 efectivos estadounidenses resultaron heridos. De los que retornaron, 11 mil han muerto de enfermedades varias de las que el síndrome da cuenta. Arthur Bernklau, director ejecutivo de Veteranos por la Constitución, señaló que un 56 por ciento de los que volvieron entonces sufría “algún tipo de problema médico crónico” en el año 2000, una década después. Se trata de una proporción más que extraordinaria, tomando en cuenta que esa tasa fue del 5 por ciento promedio como consecuencia de las guerras del siglo pasado, aunque llegó al doble en Vietnam.

Es alucinante: 56 por ciento de los que retornaron de lo que en su momento pudo haber sido considerado casi como un “paseo” por el Golfo, fueron afectados por un extraño síndrome de post guerra y ya  hay más de 11.000 muertos. Quizá los sectores ultra religiosos consideren esto como una venganza divina, pero en realidad se trata del uranio empobrecido (UE). Las tropas de EE.UU. lo utilizan, precisamente desde la Guerra del Golfo  (UE) y ése es el origen del síndrome que estaría en la base de tantas muertes.  El Pentágono lo niega porque las balas o bombas con UE son ideales para penetrar blindados y tienen un rendimiento excepcionalmente alto contra los blancos blindados”.
”Fuentes médicas locales o de visita en Irak han revelado que las taras congénitas y los cánceres de los niños del país se han multiplicado de 5 a 10 veces desde la Guerra del Golfo I y hasta por 30, en algunas zonas del sur. “Más del 50 por ciento de los pacientes de cáncer iraquíes son actualmente niños menores de 5 años... particularmente vulnerables porque acostumbran a jugar en áreas muy contaminadas con uranio empobrecido”. Después de la explosión, el UE se fragmenta y buena parte se convierte en un polvillo que se deposita en la tierra o los vientos diseminan en el aire y el agua: ataca los pulmones y los huesos y, sobre todo, el ADN de las personas expuestas, provocando una serie de enfermedades mal definidas todavía. Su radiactividad se prolonga 4500 millones de años. Los efectos del uranio empobrecido no son nada pobres”.

 Un estudio sobre 251 soldados que participaron en esa primera invasión mostró que el 67 por ciento de los hijos que procrearon –después de su retorno– nacieron con malformaciones congénitas. “Algunos sin piernas, sin brazos, sin determinados órganos, sin ojos, o con enfermedades sanguíneas y del sistema inmunológico”, señaló la científica estadounidense Leuren Moret. Tampoco salieron indemnes sus madres: mujeres de 20 o 30 años de edad fueron dañadas por los depósitos de UE en el semen de sus parejas y no pocas debieron someterse a una histerectomía. Antes habían tenido hijos normales, los únicos sanos de la familia  en la actualidad.
 

2º día

Si usted ha leído el artículo publicado ayer en esta columna convendrá conmigo que la ética es una palabra vacía cuando de luchas por el poder se trata y que el respeto por la vida y la dignidad humanas ha alcanzado uno de sus niveles más deplorables de los últimos tiempos. Omitir la mención y la condena a estos hechos es una forma de complicidad que debiera ser ajena a la prensa. Desgraciadamente la prensa es hoy parte comprometida del sistema y pedirle que critique aquello que le da de comer, está tan ilusorio como pedir  aun ciego de nacimiento que nos defina los colores. No lo hará porque no puede. Escapa a sus posibilidades condenar e inclusive ver objetivamente aquello que hacen quienes ella defiende o representa.

Muchos han interiorizado la mentira de tal modo que terminarían  atacándose a sí mismos si obraran con objetividad. Seguramente han incorporado el acrítico “nosotros los buenos”, “ellos los malos”, y eso les permite vivir en paz consigo mismos. Estoy absolutamente convencido, que en una situación límite como la actual,  somos culpables de lo que no condenamos expresamente. Callar hoy es un pecado tan dramático como el silencio que precedió el ascenso del nazismo. Hacia eso nos dirigimos, mientras la prensa nos distrae con Chávez y Fidel. El imperio necrófilo, que encabeza un hombre con la cabeza enferma como Bush, va devorando lentamente nuestras libertades elementales, va destruyendo el medio ambiente  y va convirtiendo el planeta en un sitio sin esperanza. Quisiera estar exagerando cuando en realidad siento que estoy pecando de moderación.

A la nota de ayer, que justifica estas reflexiones, debemos agregar que las fuerzas armadas de EEUU usan proyectiles de uranio empobrecido en ciudades densamente pobladas como Bagdad y Basora y que “según cálculos conservadores, emplearon, al menos, 300 toneladas de este uranio en la Guerra del Golfo I y 1700 toneladas hasta ahora en la II –es decir, unos 70 gramos de veneno radiactivo por habitante iraquí– sembrando muerte hoy y muerte futura. Tal vez sea la forma que la Casa Blanca eligió para que se encuentren finalmente armas nucleares en Irak. No sin costo para las tropas norteamericanas: un estudio reveló que 8 de 20 soldados de una unidad que participó en la invasión del 2003 presentaron el síndrome del Golfo 16 meses después”.

”El Pentágono insiste en que el uranio empobrecido carece de toxicidad, pero el informe de la Dra. Moret no deja dudas al respecto: los 20 efectivos examinados sólo recibieron vacunas, que no causan cáncer que se sepa, y estuvieron expuestos al uranio empobrecido, pero nunca a pesticidas, productos químicos y otros agentes que podrían haber provocado sus males. Por lo demás, Washington viola la Carta de las Naciones Unidas y, al menos, seis convenciones internacionales de la que es Estado Parte al utilizar un material que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU incluyó en el rubro “armas de destrucción masiva e indiscriminada”.

Si al horror narrado y a la institucionalización de la mentira que es su decorado habitual  le agregamos las cárceles clandestinas, la tortura en Abu Ghraib, el atropello en Guantánamo y la idea deslizada que podrían usar armas nucleares de baja intensidad, convendrá conmigo que si no están locos, lo disimulan muy bien.
 

Artículo sobre los Crímenes Genéticos en Irak y Afganistán por parte del Eje del Bien