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Ora mirando a la calle, ora mirando al patio, los
balcones constituyen el paisaje urbanístico de Lima, acaso
desde los primeros años cuando los conquistadores españoles
sentaron sus reales en estas tierras del Señor.
El historiador
Jorge Fiol dice en su libro El balcón limeño que en 1555
esta “Tres Veces Coronada Villa” ya tenía casas de dos pisos
con balcones, que sobresalían de la pared “una media vara”.
Estos elementos artísticos, entonces, eran amplios, “tanto
que se podía colocar una silla atravesada; había lugar para
sentarse o estar de pie y atisbar a través de la discreta
celosía”.
Y es en este
reducido espacio donde la mujer limeña –quien sin ser vista
miraba– inspiró los más arrebatadores amoríos, según Ricardo
Palma, “con un palmito y un donaire y un aquel capaces de
tentar al mismísimo general de los padres belethmitas”.
Tesoros
“colgados”. Las artes y costumbres hispanas fueron
adoptadas en estas tierras desde aquella mañana del 18 de
enero de 1535, cuando Pizarro fundó la ciudad sobre el trazo
del Damero, que encargó a uno de sus escribanos.En ese
ajedrezado y geométrico plano, los conquistadores levantaron
sus residencias con referencias de arte MUDÉJAR,
gótico y renacentista. Años después en esas construcciones
resaltarían los típicos balcones limeños –cerrados y con
celosías, también llamados “de cajón”–, lugares propicios
para la intimidad, la tertulia, el goce del fresco mañanero
o de las plateadas noches de Luna. El clima suave y sin
lluvia de Lima –tan parecido al de Egipto y otras regiones
africanas– fue propicio para que sus nuevos habitantes,
venidos de allende los mares, edificaran estas hermosas
joyas arquitectónicas como en El Cairo, Damasco, Tenerife o
las Islas Canarias.
Adopción oportuna
Así, en diferentes épocas y durante tres siglos, en esta
ciudad se construyeron y reconstruyeron balcones, algunos de
los cuales han sobrevivido hasta nuestros días. El aumento
de la población capitalina, en los pasados 60 años, produjo
la ocupación de nuevos espacios urbanos, así como la
tugurización de viviendas en la jurisdicción del Centro
Histórico.
En este nuevo
contexto social, el uso clásico de los balcones se
distorsionó a tal punto que eran utilizados como baños o
depósitos, situación que aceleró su deterioro estructural y
ornamental. Por estas razones, con el propósito de recuperar
estos elementos arquitectónicos del pasado, el municipio
limeño –a través del Programa Municipal de Recuperación del
Centro Histórico de Lima (ProLima)– lanzó en 1997 la campaña
Adopte un balcón.
La mencionada
campaña estuvo destinada a sensibilizar a la comunidad y
convocar su participación en la tarea de recuperar estas
piezas que, en gran cantidad, aún se mantienen en las casas
antiguas.
En
total, ProLima identificó 320 balcones en mal estado (gran
parte en peligro de desaparecer), de los cuales preparó un
diagnóstico y un proyecto de recuperación.
La acogida del programa fue positiva. Decenas de
instituciones, empresas y vecinos respondieron a la
convocatoria y colaboraron económicamente.
El arquitecto Raúl Zamalloa, director de Recuperación
Inmobiliaria de ProLima, manifiesta que desde entonces se
recuperaron 75 balcones con una inversión cercana al millón
de dólares.
Balcones huérfanos. Esta recuperación se realizó en
dos etapas –desde fines de 1997 a 1999–, de las cuales se
rehabilitaron 50 balcones en la primera y 24 en la segunda.
“El 2000 sólo recuperamos un balcón”, agrega Zamalloa. Los
graves problemas económicos y políticos (léase recesión e
ingobernabilidad), vividos en el último año, detuvo la
recuperación.
Zamalloa afirma
que hay 245 balcones “huérfanos” a la espera de
benefactores, los cuales, de no ser intervenidos a tiempo,
corren el peligro de desaparecer. “Existe el caso, incluso,
que muchos de los ya restaurados no tienen el mantenimiento
adecuado”, añade el funcionario de ProLima.
Esto
es –afirma Zamalloa– porque los propietarios de los
inmuebles no cumplen con su parte en el “acta de
compromiso”. En dicha acta la municipalidad, como promotora
de la campaña, se encarga de la mano de obra y de los
materiales de refacción, el benefactor otorga el dinero,
mientras que el propietario asume la responsabilidad de
mantenimiento y cuidado del balcón.
La tarea de
seguir con la recuperación de los símbolos urbanos más
preclaros de Lima (no por algo se le conoce como La ciudad
de los balcones) es indesmayable.
Fuente: Editora
Perú |
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JOYAS |
Balcones de estilo
republicano en la Plaza Santo Domingo (a);
Casa del Oidor, con el balcón más antiguo que se
conserva en Lima (b);
típico balcón cerrado del Palacio Arzobispal (c);
y casa Courret (d);
Palacio Torre Tagle (e).
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