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LA MUJER MORISCA O
"ESCLAVA BLANCA" EN EL PERÚ DEL SIGLO XVI
(1)
Jaime
Cáceres Enríquez
(2)
Las
influencias moriscas en el Perú, que se advierten en diversas
expresiones culturales, datan del siglo XVI y son perceptibles hasta hoy
en día. ¿Cómo llegó esa influencia que entraña rasgos árabes e
islámicos? Para encontrar la o las vertientes que canalizaron esta
presencia cultural es preciso situarnos en el contexto de la historia
del siglo XVI que, aunque conocida, es conveniente recordar. Los dos
hechos históricos con que se inicia esa centuria corresponden al final
de la “Conquista española”, que determina una nueva estructura
política, religiosa, económica y social en la Península Ibérica, con el
desplazamiento del poder islámico, y el Descubrimiento o Encuentro de
Mundos en América.
La empresa del Descubrimiento, e inmediatamente después la de la
Colonización, estaban impregnadas del carácter de aventura y por ende de
riesgos. La Corona española no podía, en ese momento crucial de su
historia, descuidar detalle alguno que pudiese atentar a sus intereses:
el acceso a nuevas vías de comunicación, la posesión de tierras y la
explotación de sus riquezas, y la labor evangelizadora para la difusión
de la fe cristiana.
Dentro del mismo contexto histórico se encuentra la problemática mora.
La Toma de Granada, que por coincidencia ocurre el mismo año de 1492 en
el que se produce el encuentro de América, está llena de sucesos que
revolucionan el sistema de vida prevalente por casi ocho siglos en
Andalucía. Estas transformaciones comprenden, a grandes rasgos, una
serie de hechos que van desde la pérdida del poder político y militar,
materializado con la marcha al Norte de África de Boabdil y su Corte en
1492, hasta la expulsión de los moriscos en 1609. Indudablemente el
período señalado corresponde en América a los momentos del
Descubrimiento, inicio de la Colonización y asentamiento del poder
español en el Nuevo Mundo.
La extinción del poder moro no significó la desaparición de la
población musulmana asentada en el sur de España, la misma que sin
embargo debía enfrentar un sistema de vida diferente: el de la
administración cristiana. Las cláusulas de la Capitulación de Granada
contemplaban ciertas garantías para los moros, basadas en una
incipiente tolerancia. Ésta duró poco, pues junto a un nuevo régimen de
propiedad y de privilegios se estableció la campaña de evangelización
forzada que determinó por un lado un número creciente de moriscos o
moros conversos - cristianos falsos - y la institucionalización de la
intolerancia religiosa a través de la persecución y la Inquisición. Como
resultado de esta situación represiva aparece la resistencia armada en
las Alpujarras, la constitución de estratégicos reductos como el del
virulento Hornachos y el desplazamiento de moriscos a diversos lugares
dentro de España, que podían ofrecer mayores garantías, o fuera de ésta
en otros países de Europa o al Norte de África de sus orígenes. Los
itinerarios de estas migraciones de moriscos antes y después de la
expulsión han sido prolijamente estudiados por el profesor Míkel de
Epalza (3).
Queda sin embargo probar si los moriscos llegaron a América. Ciertas
evidencias nos anticipan la posibilidad de que lo hicieron. En primer
lugar las Provisiones Reales emitidas desde el primer viaje de Colón
contienen explícitas prohibiciones para el paso a Indias de moriscos.
Pese a ello se tienen datos de que inclusive en la primera expedición de
Colón, el primero que avista tierra, Rodrigo de Triana,
era un morisco, según lo refiere don Salvador Gómez Nogales en su
estudio sobre este personaje (4).
Como hemos señalado
anteriormente, los riesgos de la aventura en el Nuevo Mundo dificultaban
el enrolamiento de tripulantes. A ello debemos añadir, con un alto
margen de probabilidad, la presencia en los puertos de moriscos deseosos
de escapar de la intolerancia. Presentábase pues una situación ambigua:
el Rey de España no estaba dispuesto a permitir que la empresa cristiana
fuese desviada por la presencia de infiltraciones islámicas, y sin
embargo requeríase, sobre todo en el primer
momento de la Conquista, de mano de obra que en forma abundante la
ofrecían los moros. La fórmula para conciliar esta duplicidad sería la
de expedir permisos especiales para llevar a Indias moriscos, mediante
Reales Cédulas firmadas por el propio Rey, como un medio de control, y
la formalización ante escribanos públicos de contratos de soldada
mediante lo cual se legalizaba la posesión de esclavos, incluyendo los
de origen moro. Aparte de ello no cabe duda de que los moriscos llegaron
a América con nombres y apellidos cristianos, hecho que para la
investigación histórica actual es un serio obstáculo para el
reconocimiento del origen moro. De esta manera, por ejemplo, en los
documentos, contratos, planos, etc., de construcción de edificios donde
es evidente la arquitectura morisca, resulta imposible identificar en la
relación de artesanos el origen moro de ellos. Se dice con razón que
esta dificultad podría ser obviada solamente si estuviésemos frente al
personaje para reconocer sus rasgos físicos y sobre todo su acento al
hablar; lo cual es definitivamente inalcanzable.
Hemos hablado de las vertientes que canalizaron el trasvase de la
cultura islámico-andalusí al Perú, resultando paradójicamente que la
España cristiana es un factor importante en este fenómeno y que el
elemento propiamente moro es altamente complicado identificarlo por las
razones expuestas. Sin embargo, todo este preámbulo sirva para presentar
el caso de la mujer morisca o esclava blanca que, en forma más abierta y
pese a su condición de conversa a la fuerza, prefirió llegar al Nuevo
Mundo como esclava blanca a fin de no perder su identidad de origen y
participar de manera legal en América.
LA MORISCA O ESCLAVA BLANCA
“ La escasez de mujeres españolas en los primeros tiempos hizo
indispensable para los varones europeos la presencia de las mujeres
andinas”. Así lo expresa María Rostoworoski (5). A ello habría
que añadir que este hecho también generó la importación de esclavas
blancas. James Lockhart (6) nos informa a este respecto que muchas
esclavas blancas habían pasado a América, en particular a Nueva España,
entre 1506 y 1527.
Las uniones con las indias peruanas, que se producían en gran cantidad,
significaron no sólo el riesgo de mezclarse con una raza desconocida,
sino también, aunque ellas fuesen de noble estirpe, casarse con una
idólatra de reciente e incipiente conversión, sin mencionar los riesgos
de salud de uno y otro lado.
Estamos hablando del siglo XVI y en particular de las primeras décadas
de la colonización en el Perú. Por ello cuando Louis Cardaillac (7)
advierte un problema de vocabulario, fuente de malentendidos,
refiriéndose a la palabra “ morisco”, dice que a fines del
siglo XVII el término “ morisco” había tomado en Indias un sentido
totalmente diferente del que había tomado en España, pues designaba al
hijo de un español y de una mestiza mulata, un individuo nacido con tres
cuartas partes de sangre blanca y un cuarto de sangre negra.
Esta advertencia no tiene vigencia para los documentos peruanos del
siglo XVI, como pueden ser las menciones de moriscas y moriscos en
partidas bautismales de 1538 a 1548 o en actos notariales de 1550 a
1560. En dichos años el término “morisco” o el de “esclava
blanca” correspondían en el Perú, al mismo sentido con que se
aplicaba en España. La advertencia de Cardaillac es pertinente a fines
del siglo XVII, según él mismo lo indica, y corresponde sobre todo a un
mal uso generalizado de dicha palabra en México, al punto de existir
disposiciones reales para enmendar este error.
En el siglo XVII existen a este respecto tablas de castas y mestizajes
que señalan el término “morisco” como el resultado de una mezcla
de razas, muy diferente a la acepción que conocemos como origen de la
palabra moro y como el uso del término “morisco”, materia de este
trabajo.
En todo caso no cabe confusión cuando en la primera época de la
Conquista peruana fueron evidentes la presencia directa de ellas y
ellos, y cuando la mezcla de razas y el proceso de mestizaje se
producirían años más tarde. Lockhart (8) trae dos consideraciones
igualmente importantes:
a) Así como en el comercio de esclavos negros el número de hombres era
muy superior al de las mujeres, en el caso de los esclavos moros, el
número de mujeres fue muy superior al de hombres.
b) El papel que juega la mujer mora, como hemos visto, corresponde a la
primera época de la colonización, pero decrece conforme van llegando las
mujeres españolas. Las moras vuelven a España antes de concluir el siglo
XVI, lo hacen en condiciones superadas y ya no regresan a América,
dejando, sin embargo, y a pesar de corresponderles un período
relativamente corto, trazos culturales acentuados gracias a su presencia
física y a su definida personalidad.
Podemos decir pues que, en la época a que nos estamos refiriendo, eran
muy pocas las damas españolas que vinieron al Perú, En la década de 1570
se sabe que doña Isabel Rodríguez solía agregar a sus títulos: “La
Conquistadora, primera en estos Reynos del Perú”. Diego de
Trujillo anota que en 1537 había en Lima 380 españoles y tan sólo 14
mujeres españolas.
Raúl Porras Barrenechea, basándose en el mismo testimonio de Diego de
Trujillo, menciona que con Hernando de Soto llegó la primera mujer
española que vino a este Reyno, que se llamaban Juana Hernández; sin
embargo doña Inés Muñoz reclamaba ser la primera mujer casada que entró
al Perú. Existen otros testimonios sobre la primera doncella noble
española que entró a Lima, doña Inés Bravo de Lagunas (9).
James Lockhart (10) asegura que entre 1532 y 1549 vinieron al Perú por
lo menos unas 300 mujeres calificadas de moriscas. En cautiverio, es
cierto, pero pronto mezclaron su sangre adquiriendo plena libertad,
tanto que llegaron a contribuir decisivamente al proceso del surgimiento
del criollismo al unirse a conquistadores de valía y a destacados
funcionarios del inicio de la Colonia. De esta manera transmitieron su
cultura dejando un legado islámico visible en numerosos aspectos, y en
especial dentro de la limeñidad.
El análisis de los documentos del siglo XVI nos lleva a ciertas
conclusiones. En primer lugar se advierte que conforme avanza el siglo
van decreciendo las inscripciones en los registros parroquiales,
notariales y otros, de moriscos y moriscas. Se podría también señalar
que a mediados del siglo figuran solamente los moriscos, aceptados
plenamente por su posición social y económica innegables; tales son los
casos de Cristóbal de Burgos (11) y de Beatriz Salcedo (12). En cambio
la presencia de negros es constante y la ausencia de judaizantes es
total.
Conviene igualmente repasar la política de la Corona respecto a aquellos
españoles que se trasladaron al Perú solteros o sin llevar sus esposas.
La ausencia de ellas es evidente en la primera época de la Conquista.
Ello explica las específicas Reales Cédulas propiciando la presencia de
la mujer española en el Perú. De esta manera el Rey ordenaba se les
diese preferencia en la concesión de beneficios a los casados con
españolas. Igualmente encontramos numerosas Reales Cédulas otorgando
permisos para viajar a España a aquellos que volvían con el propósito de
casarse y regresar a Indias (13).
Otra evidencia nos la proporciona Enrique Otte al publicar numerosas
misivas remitidas desde Indias cuyos destinatarios más frecuentes eran
las esposas y también las mujeres de las cuales estaban enamorados los
emigrantes (14).
Pasemos ahora a sustentar con documentos la presencia de la mujer
morisca. Por Real Cédula de 21 de mayo de 1534, el Rey faculta al
capitán Hernando Pizarro llevar al Perú cuatro esclavas blancas para
servicio de Francisco Pizarro, su hermano, Gobernador de la Provincia
del Perú, firmada en la ciudad de Toledo (15).
En la Gobernación del Perú existen además otros testimonios sobre la
presencia de esclavas blancas. En junio de 1537 se registran dos hechos
significativos: uno es la compra de una esclava blanca por Juan de
Vallejo, que tenía concubina india e hijo en ella, por la que paga 1.200
castellanos. Otro es un acto público notarial mediante el cual López de
Idiáquez otorga carta de libertad a favor de Beatriz, su esclava blanca
herrada en la barba, “por los buenos servicios que le ha prestado”
(16).
La inclinación del conquistador español por la mujer mora, que
determina, entre otras cosas, el pedido de los Pizarro para importar
cuatro esclavas blancas, la compra de una esclava blanca hecha por Juan
de Vallejo, que ya contaba con concubina india, y la manumisión que
otorga López de Idiáquez a favor de Beatriz, tiene mucho que ver con
hábitos y costumbres seculares que crearon preferencias, por el tipo y
la manera de ser de las moras entre los españoles. Esta disposición para
mezclarse con moriscas parece que también la tuvo el Inca Garcilaso de
la Vega, durante su larga permanencia en Montilla (17).
El trabajo del padre Angulo y del doctor Horacio H. Urteaga, destacados
historiadores peruanos, han trascrito testimonios que comprueban la
presencia de moriscas, sobre todo en el libro de Partidas de Bautismo de
la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Lima, en los años 1538 a
1548. La reiterada mención de moriscas y algún morisco como declarantes
o como padrinos, la atribuyen a la evidente presencia física mora en el
Perú, sobre todo de ellas, que mezclaron su sangre con los
conquistadores, quienes las importaban desde España. Las partidas de
hijas de españolas en moriscos, que eran esclavas de los hijodalgos
avecinados en el Perú, se estima que era el lujo de los ricos
encomenderos, que se hacían traer o que compraban esclavas moras (18).
El viajero florentino Francesco Carletti, que visita Lima a fines del
siglo XVI, nos deja este testimonio: “En Lima viven muchas nobles
familias de caballeros y comerciantes riquísimos que viven con mucha
urbanidad y esplendidez mucha mayor que en todas las demás ciudades de
las Indias sirviéndose de esclavos moros varones y hembras”
(19).
Lockhart (20) nos da otra evidencia: Juana Leyton, morisca esclava que
vino al Perú, casó con un italiano que llegó a ser encomendero de
Arequipa.
Sin embargo, el mayor éxito estaba reservado a una morisca llamada
Beatriz, que llegó al Perú en 1532 como esclava de García de Salcedo,
Veedor Real o Controlador. Al año de su llegada recibió su libertad
formal. A partir de entonces se comenzó a llamar Beatriz de Salcedo.
Como los Oficiales Reales no podían ser mercaderes, ella asumió gran
parte de las actividades mercantiles del Veedor. Salcedo se casó con
ella (21). Beatriz se convirtió en una de las más célebres señoras de un
prominente oficial y hombre adinerado. El único título que se le negó
fue el de Doña. Sus dos hijas casaron bien y, pasados los años, no
recordaron sus orígenes. Beatriz reclamaba ser la primera dama española
venida al Perú (22).
Encontramos también un interesante registro histórico sobre el mismo
personaje. En la Fundación de Lima, o Ciudad de los Reyes, el 18 de
enero de 1535, están presentes muchos personajes, y una sola mujer,
Beatriz Salcedo, morisca (23).
Beatriz no solamente figura en la Fundación de Lima; su presencia la
advertimos desde los primeros momentos de la Conquista del Perú. José
Antonio del Busto nos dice que, en 1532, Pizarro deja al Veedor Salcedo
en el recién fundada San Miguel de Piura, primera ciudad española en el
Perú, y que éste se encontraba acompañado por Beatriz su bella esclava
morisca. Igualmente cuando el Gobernador funda la primera capital en
Jauja, uno de los notables es el Veedor Salcedo, amancebado con Beatriz
(24). De la pasajera unión de la india Inés con Francisco Pizarro nace
en 1534 en Jauja, por el mes de diciembre, una niña que recibió en la
pila bautismal el nombre de Francisca. Por aquel entonces Jauja era la
primera capital de la Gobernación de Pizarro (25). Con grandes regocijos
se festejó el bautizo de la primera mestiza, que sería con el correr del
tiempo la mujer más rica del Perú. Para el maduro conquistador, privado
del calor familiar, significó un florecimiento de ternura y de afecto.
Madrinas fueron Isabel Rodríguez, vecina de Trujillo, Francisca Pinelo,
mujer de Rui Barba, y Beatriz “la morisca”, mujer del Veedor
García Salcedo (26).
Efraín Trilles (27) menciona la presencia de otra morisca, llamada
igualmente “ Beatriz”, con quien el encomendero Lucas Martínez de Vegazo
tendría hijos.
En la
Sección Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Perú existe un
expediente del Registro de Escrituras Públicas otorgado por el escribano
Antón Díaz en 1551 (A- 419), que se refiere a un Contrato de Soldada que
hacen por un lado Elena de León (morisca) y de otro Andrés de Torres, en
virtud del Bando que ordenaba que todos los negros, pardos, mulatos,
moriscos y berberiscos debían asentarse y servir a un amo (28). Una Real
Cédula fechada en Palencia el 28 de septiembre de 1534 concede licencia
para que Yllán Suárez de Carbajal pueda pasar un esclavo y una esclava
blancos que ha criado desde niños, los cuales le conviene llevar a la
dicha Provincia del Perú para servicio de su persona y casa (29).
Antonio de Calancha (30) menciona a “Lucía”, morisca hechicera que
acompañó a Hernández Girón cuando entró a Lima: “hacía creer que
tenía revelaciones”. Sobre este mismo personaje el Dr. Aurelio
Miró Quesada (31) nos trae la siguiente información: “Cerca de este
puente, que antes denominaba de Abancay, el Mariscal Alonso de Alvarado
sufrió, en la época bravía de la Conquista y la iniciación del
Virreynato, sus dos graves derrotas: la primera, frente a Diego de
Almagro el 12 de julio de 1537; y la segunda, en el encuentro con
Hernandes Girón, junto a la fortaleza de Chuguinga, el lunes 21 de mayo
de 1554. Tremenda derrota y dispersión la de este último combate, que
iba a quitar para siempre el reposo al viejo y ardido Mariscal, cuyo
destino le había ya anunciado, en una extraña forma, la morisca Lucía de
Herrera”. “ Fue en esta guerra - relata Montesinos- la
primera vez que se consultaron hechiceras para los sucesos, pues si bien
para las cosas de amor se practican mucho, para las de la guerra sólo
Francisco Hernández usó de esas hechicerías”.
El Padre Rubén Vargas Ugarte S. J. 32 transcribe la Carta de Fundación
de Capellanía hecha por Malgarida de Almagro, morisca, quien hace una
importante donación en retribución a los beneficios recibidos de su
señor don Diego de Almagro (El Viejo) quien le había concedido la
libertad. Este documento extendido ante escribano está fechado en Lima
el 6 de septiembre de 1553.
Debidamente sustentada la presencia de la mujer morisca en la primera
época de la Conquista del Perú, estimamos del caso mencionar algunos de
sus aportes culturales que han dejado huella en la Historia del Perú. En
este recuento de información advertimos que el desarrollo de sus
actividades en Indias, que se inician bajo la denominación de
“esclava blanca”, tiene un destino muy diferente al de sus
congéneres de condición, mas no de raza. De las labores domésticas pasan
a las de administradoras de bienes, consejeras del amo, madre de sus
hijos, libertas con un mayor desenvolvimiento en el medio social, para
finalmente regresar a España en condiciones ampliamente superadas. Todo
este conjunto de hechos determinó que su contribución, a través de
diversos aportes culturales, fuese también de mayor aceptabilidad. El
ejemplo más evidente lo constituye la moda en el vestir. Según se dice,
Lima nace observando el paso gracioso de damas cubiertas, al más típico
estilo musulmán, dejando entrever solamente un ojo. Esta moda denominada
“tapada” fue criticada en los primeros años del
Virreynato. Dícese que el intento de un Virrey por hacer desaparecer
esta forma de vestir no tuvo éxito cuando le advirtieron que su propia
esposa gustaba vestirse de tapada. Esta vestimenta, que perduró hasta
mediados del siglo pasado, se identifica con la ciudad de Lima, pero su
origen morisco es preciso reconocerlo.
La cocina es otro renglón importante donde plasmaron su buen gusto. En
la variada cocina peruana actual se aprecian rasgos orientales en su
preparación y presentación. Ello es más evidente en los dulces y
pastelería, que causan admiración a los viajeros árabes por la similitud
con sus gustos.
El análisis de estos aportes podría continuar con el folklore, donde
pese a las prohibiciones de la Inquisición, se filtraron tonadas y
danzas moriscas. También ellas, que actuaron en forma abierta respecto a
su identificación de origen, debieron asesorar al artesano morisco o al
español, y más tarde al indio, para legarnos tantas expresiones, hasta
hoy visibles, en materia de patios, zaguanes, rejas, balcones, adornos,
que han perdurado a pesar de que ellas, las inspiradoras, ya no estaban
presentes. Las casonas de Lima de los siglos XVI al XVIII conservan
elementos propios de una arquitectura islámica que han sorprendido a
viajeros europeos que recorrieron el Perú desde 1580, como es el caso
del italiano Carletti. Y en cuanto a las construcciones religiosas, el
estilo morisco y mudéjar, lejos de desvanecerse con el tiempo, se
acentuaron. Tal es el caso, que llega a oídos de Carlos III esta
realidad, que lo induce a firmar una Pragmática mediante la cual
recomienda a la Iglesia no dejarse llevar por arquitecturas que nada
tienen que ver con nuestra Santa Religión. Una vez más conviene recordar
la participación inicial que debió tener la mujer morisca en este campo,
donde el aporte propiamente hispánico fue definitivo al haber hecho suyo
estos estilos de construcción.
Finalmente cabría señalar que la morisca debió sentirse, sobre todo en
la costa peruana, en su hábitat, por un paisaje de desierto y con bellos
oasis a los que adornaron trayendo palmeras datileras e inclusive
camellos. No es que ellas hiciesen esta importación, pero es muy
probable que en su condición de consejeras del hogar y de la
administración que el propio Conquistador les había concedido, tuviesen
mucho que ver sus recomendaciones y gustos. En este marco propicio son
ellas también las promotoras del mestizaje que hace que hasta hoy en día
se conserven rasgos similares a los moros, giros idiomáticos y
apellidos.
Bibliografía
1. Ponencia presentada por el autor de este artículo en las V jornadas
sobre el Inca Garcilaso y el Mestizaje en Indias, Montilla, 1994.
2. Investigador del tema morisco en el Perú en el siglo XVI. Miembro del
Grupo de Estudio ACALAPI de la UNESCO. Graduado en historia, Universidad
Nacional Mayor de San Marcos en Lima. Diplomático peruano.
3. Catedrático titular de la Universidad de Alicante, Departamento de
Estudios Arabes e Islámicos, especialista en el tema de moriscos. Ver
Míkel DE EPALZA, Los moriscos antes y después de la expulsión, Madrid,
1992 y 1994 ( 2 ª ed.) y Míkel DE EPALZA ( ed.), L’expulsió dels
moriscos: conseqüències en el món islàmic y en el món cristiá,
Barcelona, 1994.
4. Los datos de este estudio preparado por el profesor español Salvador
Gómez Nogales se encuentran en la biblioteca “ Félix Pareja”, del
Instituto de Cooperación con el Mundo Arabe, de Madrid.
5. Ver la historiadora peruana María ROTOWOROSKI DE DÍEZ CANEDO, Doña
Francisca Pizarro, una ilustre mestiza. 1534- 1598, Lima, Instituto de
Estudios Peruanos Ediciones ( Horacio Urteaga 694, Lima 11), 1989: “ La
escasez de mujeres españolas en los primeros tiempos hizo indispensable
para los varones europeos la presencia de las mujeres indias”, p. 15.
6. Ver el historiador norteamericano James LOCKHART, El mundo hispánico-
peruano. 1532- 1560, México, Fondo de Cultura Económica, 1952 (
traducción de Mariana Mould): “ Muchas esclavas blancas habían pasado a
América y ellas participaron en la verdadera Conquista del Perú de 1532
a 1535” ( el texto original en inglés difiere un tanto en la redacción
del texto traducido al castellano).
7. Louis
CARDAILLAC ( dir.), Les Morisques et l’Inquisition, Paris, Publisud,
1990, Chapitre « Les tribunaux des Iles et d’Outre Mer » , p. 330.
8. J. LOCKHART,
op. cit., pp. 251- 252.
9. Este párrafo y el precedente están extraídos de la obra Una relación
inédita de la Conquista, la Crónica de Diego de Trujillo ( Miraflores,
Lima, Editorial Minerva, 1970, p. 90), del historiador peruano Raúl
Porras Barrenechea.
10.
J. LOCKHART, op. cit., pp. 251- 252.
11. Carmen BERNARD et Serge GRUZINSKI, Histoire du Nouveau Monde 1492-
1550, Centre National des Lettres: “ Cristóbal de Burgos, nacido en
1500, fue esclavo de una dama de Burgos.
Acompaña a D. Francisco Pizarro en la mayoría de sus campañas. Llegó a
enriquecerse de tal manera en el Perú que pudo comprar su libertad. Es
nombrado Regidor Perpetuo de Lima, cargo al que no podía pertenecer
ningún morisco”, página 484. Datos tomados del Tomo II, libro II, p. 372
de Gutiérrez de Santa Clara ( 1963).
12. Beatriz de Salcedo, morisca, llega al Perú en 1532 como esclava
blanca del Veedor Real o Contralor García de Salcedo, con quien se casa.
Expediente de dote, Archivo General de la Nación del Perú y Escrituras
de traspaso de bienes a favor de Beatriz de Salcedo, 20 de febrero de
1562 ( Notario Esteban Pérez, Protocolo 127, folios 164 a 169) y Archivo
General de Indias, Sevilla, Información de Servicios Beatriz de Salcedo
1562”, Expediente Lima 118, legajo 3840.
13. Ver el historiador peruano Raúl PORRAS BARRENECHEA, Cedulario del
Perú ( Siglos XVI, XVII y XVIII), Lima, Departamento de Relaciones
Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, 1948, Tomo
II ( 1534- 1538). Algunas citas: p. 122, Real Cédula instando para que
los casados sean preferidos en los Repartimientos ( 1535); p. 123, para
que lleven sus mugeres; p 117, licencia a Pedro de Candia para que venga
a estos Reynos; pp. 230- 231, licencia a Francisco Núñez por dos años
para venir a estos Reynos a se casar y llevar a esa tierra a su muger y
casa para bibir y permanecer en ella; p. 177, instrucción general al
Obispo y Cedula al Governador para que los casados que oviere cinco años
que están en aquella tierra lleven sus mugeres o se vengan a hazer vida
con ellas, licencias idem; p. 171 a Gregorio Sotelo; p. 176 a Jerónimo
de Aliaga y Pedro Navarro, etc.
14. Cartas privadas de emigrantes a Indias. 1540- 1616, Sevilla V
Centenario. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, Escuela de
Estudios Hispano- Americanos 1988: « Las remesas y las llamadas » ,
estudio preliminar de Enrique Otte, ver páginas 25 a 27.
15. Raúl PORRAS BARRENECHEA, op. cit., Tomo I ( 1529- 1534), publicado
en 1944, p. 188, Hernando Pizarro: “ Para servicio de Francisco Pizarro
su hermano, governador del Perú y suyo tiene necesidad de llevar a las
Yndias quatro esclavas blancas. Toledo 21 de mayo de 1534”.
16. Ver al intelectual peruano Emilio HARTH TERRÉ, « Esclavas blancas de
Lima: 1537 » , artículo publicado en el diario El Comercio de Lima el 3
de junio de 1963.
17. Enrique GARRAMIOLA PRIETO, « El Inca Garcilaso de la Vega, un hombre
desengañado » , separata del Boletín de la Real Academia de Córdoba de
Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, vol. 125, año LXIV, Córdoba,
1993, p. III. Reproduce el facsímil de la partida bautismal de Alonso,
hijo de Marina, esclava de Garcilaso de la Vega, 27 de marzo de 1570.
18. P. ANGULO y Horacio H. URTEAGA, Libro Primero de Babtismos del
Archivo del Sagrario, Iglesia Catedral de Lima, 1538- 1548, publicado en
el Catálogo de la Revista del Archivo General del Perú, Tomo VII,
Entrega II, Lima 1929, p. 29. Tomo I, Entrega II, 1937. Tomo XI, Entrega
II, 1938. Tomo XII, Entregas I y II, 1939. Tomo XIII, Entregas I y II,
1940. Tomo XIV Entregas I y II, Lima, 1941.
19. Raúl PORRAS BARRENECHEA, Los viajeros italianos en el Perú, Lima,
Editorial Ecos S. A., 1957, p. 49.
20. J. LOCKHART, op cit., p. 252.
21. Beatriz de Salcedo. Exp. A. G. N. del Perú, Protocolo 127, folios
164 a 169.
22. Beatriz de Salcedo. A. G. I. Sevilla. Exp. Lima 118, legajo 3840.
23. Ver el artículo del investigador histórico César MIRÓ, « La Plaza
Mayor de los Reyes » , 17 de enero de 1993, diario El Comercio. Datos
tomados de la obra La Fundación de Lima de Juan Bromley, basada a su vez
en los Libros de Cabildos de Lima.
24. Ver el historiador peruano José Antonio DEL BUSTO, Francisco
Pizarro, el Marqués Gobernador, Lima, Editorial Brasa S. A. ( A.
Aviación 2760, San Borja, Lima), 1993 ( 4 ª ed.), pp. 87- 88.
25. Raúl PORRAS BARRENECHEA, « Jauja capital mítica » , Revista
Histórica. Órgano del Instituto Histórico del Perú, Lima ( Empresa
Tipográfica Nacional S. A., Restauración 317), tomo XVIII, Entrega II,
p. 138 ( María Rostowroski reproduce en su obra citada los datos de
Porras).
26. Ver nota anterior.
27. Efraín TRELLES, Lucas Martínez de Vegazo: funcionamiento de una
encomienda peruana inicial, Pontificia Universidad Católica del Perú,
1991, p. 43.
28. Biblioteca Nacional del Perú, Sección Manuscritos, Registro
Escrituras Públicas, Escribano Antón Díaz 1551 ( A- 419): Contrato de
soldada en virtud del bando que ordenaba que todos los negros, pardos,
mulatos, moriscos y berberiscos debían asentarse y servir a un amo.
29. Raúl PORRAS BARRENECHEA, Cedulario del Perú, Tomo II, p. 48, f. 37
v: Concede licencia a Yllán Suárez Carvajal para que pueda pasar un
esclavo y una esclava blancos, Palencia 28 de septiembre de 1534.
30. Antonio DE LA CALANCHA, Corónica Moralizada, Crónicas del Perú,
Edición de Ignacio Prado Pastor, Lima, 1974- 1982, 6 volúmenes; vol. II,
Libro I, Cap. XXIX, p. 429: “ Morisca llamada Lucía, gran echizera, azía
creer tenía revelaciones”.
31. Aurelio MIRÓ- QUESADA SOSA, Costa, Sierra y Montaña, Madrid, Revista
de Occidente, 1969, p. 253: “ Lucía de Herrera, morisca...”. 32. P.
Rubén VARGAS UGARTE S. J., historiador peruano, Manuscritos peruanos,
Tomo IV, p. 307, Ref. legajo 9. N º 252 de Documentos del Convento de la
Merced del Cuzco. |