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HAZRETI
MARIAM Por SHEIKH MUZAFFER OZAK AL-JERRAHI (Extractos)
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Tomado de la Página de la Orden Jerrahi Al-Halveti |
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Bendita Virgen María
La
Virgen María, bendita Madre de Jesús, que la paz esté con ambos, es
mencionada en el glorioso Corán –y por lo tanto en toda la enseñanza
islámica- como la mujer más santificada de todas. En los versos
siguientes, el Sagrado Corán la proclama como un modelo de virtud y de
pureza; ninguna mujer antes que ella ha expresado un estado supremo de lo
femenino semejante.
Y los ángeles dijeron: ¡Oh!
María, Allah te ha seleccionado y purificado. El te ha escogido por sobre
todas las mujeres. ¡Oh María!, sé devota a tu Señor. Póstrate y
reverencia con aquellos que reverencian en adoración. (C.3:42-43)
Allah ofrece a la bendita María como un ejemplo para todos
aquellos que creen: María, hija de
‘Imrán, preservó su virginidad, así le insuflamos nuestro Espíritu
Santo, y ella confirmó la verdad de las palabras de su Señor, ella fue
una de aquellos que son devotos. (C.66:12)
Generalmente
se considera que todos los profetas han sido hombres, sin embargo, hay
algunos eruditos que reconocen a María como un alma de altura profética.
Esta conclusión se basa en que el Sagrado Corán reporta que el arcángel
Gabriel, el Digno de Confianza, visitó a la Virgen en varias ocasiones.
Esto es prueba suficiente, puesto que el bendito Arcángel desciende
solamente a los profetas.
El Dios Uno creó al venerable Adán del polvo sin ninguna
dificultad. Después creó a Eva a partir de Adán. De aquí en adelante,
permitió que el resto de la humanidad viniera a través de la unión de
madre y padre. Otra manifestación de la omnipotencia de Allah, es que el
amado Jesús fuera creado sin padre, al nacer espontáneamente de la
Virgen María.
Esta es una señal para nosotros, Sus humildes servidores, de que
toda la intención de Allah se manifiesta en perfecto acuerdo con Su deseo
Divino. El Creador Ilimitado no está sujeto a las limitadas leyes de la lógica
o de la naturaleza.
Humildemente afirmamos que Allah, el Resplandeciente, es capaz de
hacer y crear tal y como lo desea, cualquier cosa que desee. Allah creó a
Adán por Su voluntad; y así como creó sin madre a la bendita Eva del
venerable Adán, también creó sin padre al noble Jesús de la Virgen María.
La Suprema Realidad es ilimitada y todo imperante. Actúa según
desea, con conocimiento y poder infinitos. Cada vez que el Uno
Resplandeciente desea crear, solamente tiene que expresar el mandato “¡Sea!”
y lo que es divinamente ordenado aparece de inmediato. (...)
Al
momento del nacimiento de la Virgen María, un noble profeta llamada Zacarías,
que la paz esté con él, había sido enviado por Allah a los Hijos de
Israel. El tenia a su cargo el cuidado del templo. De acuerdo a algunos
historiadores, el venerable Zacarías tenía más de ciento veinte años,
y su esposa había alcanzado los noventa y nueve.
Para su gran pena, no habían tenido ningún hijo. El noble Zacarías
había rezado a Allah día y noche, por años, rogando a su Señor que les
concediera un hijo devoto para sucederle como líder espiritual de los
israelitas y para convocar a su gente a la Verdad Suprema.
La esposa de Zacarías ya había sobrepasado la edad fértil, pero
¿acaso algo es imposible para Allah el Todopoderoso?
El Profeta continuó viviendo con paciencia y esperanza. La oración
de súplica es la más poderosa forma de adoración, es el arma humilde de
los creyentes.
El venerable Zacarías redobló sus súplicas cuando su cuñada
Hanna tuvo una niña, que llamó Mariam, después de muchos años de
matrimonio con su hermano, ‘Imran.
Puesto que Hanna había hecho el voto espiritual de consagrar a su
hijo al servicio del templo, encomendó a la niña Mariam a la guía
espiritual de su cuñado Zacarías.
Cuando el bendito Zacarías supo que la esposa de su hermano,
considerada estéril, había tenido una hija, hizo una profunda postración
llorando mientras imploraba al Todopoderoso y Autosubsistente que le
otorgara un varón.
Ahora, finalmente, sus oraciones iban a ser contestadas.
El Sagrado Corán revela que Zacarías clamó en secreto a su Señor: “Mi
Señor, son débiles los huesos de mi cuerpo, y mi cabeza es un resplandor
de canas, pero en mis oraciones a Ti, nunca he sido defraudado. Temo por
el bienestar espiritual de mis parientes cuando me haya ido, y mi esposa
es estéril. Otórgame de tu gracia un heredero que sea mi heredero de la
casa de Jacob, haz que sea, mi Señor, de Tu agrado”.
Allah
el Altísimo respondió: “Oh Zacarías, te damos buenas noticias de un muchacho, cuyo nombre debe
ser Juan (Yahya). A nadie que lleve este nombre antes que él, le hemos dado distinción
profética”. (C.19:3-7)
Los ángeles felicitaron a Zacarías con la maravillosa noticia de
que su hijo Juan sería un profeta y heraldo de la misión profética de
Jesús.
Los ángeles lo llamaron
mientras estaba en adoración en el santuario: “Allah te da buenas
noticias de Juan, una palabra de Allah, un líder noble, abstinente, un
profeta, uno de los rectos”. (C.3:39)
Zacarías el bendito, deleitado y con gran asombre, lloró: “Mi
Señor, ¿Cómo podré tener un varón si mi esposa es estéril y yo ya
estoy débil por mi avanzada edad?”
El Señor respondió: Así
será. Tu Señor lo dice: “Para mí eso es fácil. Te creé cuando tú
no eras nada”. El
dijo: “Mi
Señor, dame una señal”. El
Señor respondió: “Tu
señal será que no podrás hablar por tres noches”. Entonces
el Profeta Zacarías se presentó ante su gente del santuario y
silenciosamente les indicó: Dad
gloria al Señor, durante el día y la noche (C.19:8-11)
A los nueve meses nació Juan, que la paz esté con él, y creció
a la altura de un noble profeta como su padre.
Juan recibió el mandato divino: “Toma el libro con firme
resolución”. Y nosotros le dimos sabiduría aún desde que era niño, y
compasión de Nuestra esencia y pureza. Fue devoto de Allah y fue tierno
con sus padres, nunca altivo o rebelde. ¡La paz sea con él el día en
que nació, el día en que muera y el día en que sea elevado a la vida
eterna! (C.19:12-45) El
nacimiento de la bendita Virgen María
Zacarías
era un descendiente directo del profeta Salomón, la paz esté con ambos.
Como rabino principal de los israelitas, sus obligaciones incluían la
interpretación de la sagrada Torah
y el ofrecimiento de sacrificios en el templo sagrado de Jerusalén.
El Señor le confirió la dignidad total de profeta.
Ishá, su esposa, era la hermana de Hanna, que estaba casada con
‘Imran, un israelita prominente.
De acuerdo a las tradiciones orales del Islam, ambos, ‘Imran y
Hanna descendían de Israel, él como hijo de Yizhas y ella como la hija
de Fakuza.
Igual que su hermana Ishá, Hanna no había podido tener hijos y
oraba a su Señor solicitando: “Si tú me otorgas un hijo, te prometo lo
consagraré al servicio del templo”.
Evidentemente ella suponía que iba a ser un varón, ya que la
costumbre en aquellos días era consagrar a los varones de esta forma. En
respuesta a su oración de todo corazón, Hanna se embarazó pero ‘Imran
no vivió para ver el nacimiento de su hija. A la pequeña se le dio el
nombre de Mariam, que significa la
devota o consagrada.
Antes
de quedar encinta, Hanna estaba un día sentada cerca de la ventana
mirando a una pequeña paloma que agitaba sus alas mientras tomaba el
alimento del pico de la madre.
Hanna se imaginó alimentando tiernamente a su propio bebé.
Maravillada con esta demostración de la misericordia de Allah,
internamente, se figuró al niño sonriendo mientras lo arrullaba en su
seno. Estos inspirados pensamientos conmovieron a Hanna hasta las lágrimas.
Allah el Altísimo no priva ni siquiera a los pájaros y bestias de
las alegrías de la maternidad. ¿Le negaría Él esa encantadora
experiencia?
En medio de estas meditaciones, surgió una oración ferviente de
las profundidades de su corazón. Hanna suplicó al Señor Todopoderoso y
Autosubsistente, e hizo su juramento. La esposa de ‘Imran dijo: “Señor, yo te prometo que el fruto de mi vientre será una ofrenda
consagrada. Acéptala de mí. Tú eres el que todo lo escucha y el que
todo lo sabe”. (C. 3:35)
A los nueve meses Hanna se sorprendió cuando dio luz
a una niña, en lugar del varón que ella esperaba con toda
confianza. ¿Cómo podría ella sostener su promesa?
No había precedente de alguno de una niña al servicio sagrado del
templo.
El venerable Zacarías, su cuñado, le dijo: “Un juramento es un
juramento. Prometiste dedicar a tu hijo al templo y es una promesa que
tienes que acatar. Allah seguramente va a aceptar tu ofrenda”. Hanna se
regocijó al escuchar estas palabras.
El Sagrado Corán relata: Cuando
vino el alumbramiento, ella dijo: “Oh mi Señor, he tenido una niña
como Tu lo sabes mejor. El varón no es como la niña. La he nombrado María.
La encomiendo a ella y a sus hijos a Tu protección frente al detestable
Satán”. Su Señor, le concedió a María una recepción noble y la hizo crecer con pureza y hermosura. (C.3:36-37) La
Virgen María es llevada al templo
Todos los rabinos del templo anhelaban responsabilizarse por la
educación y entrenamiento de la joven Mariam. Era radiantemente hermosa,
extremadamente talentosa y encantadora. Cada uno de estos hombres letrados
trataban de probar las razones por las cuales proclamaban su derecho a ser
protector y guía.
Las reglas del templo establecían que los niños consagrados al
servicio deberían ser asignados en rotación a los rabinos residentes.
Uno argumentaba que ya era su turno, otro alegaba su antigüedad, mientras
que otros señalaba su parentesco con la venerable Mariam; se desató un
gran debate.
Después de una afanosa discusión, los rabinos decidieron
finalmente este asunto dejándolo a la suerte. Cada uno de los guardianes
propuestos sacó una paja en un sorteo y fue Zacarías quien obtuvo la que
tenía marcado el nombre de la joven.
Así se desarrollaron los misteriosos eventos que determinaron que
la bendita Virgen María tuviera como guía espiritual y maestro a un
noble Profeta. Se hace alusión a este incidente en el Sagrado Corán, en
el que las siguientes palabras son dirigidas al Profeta Muhammad, que la
paz y las bendiciones de Allah estén con él: Este
es un relato de los eventos no vistos, que Nosotros te revelamos por
inspiración. Tú no estabas presente cuando se estaban sorteando quién
estaría a cargo de María. Tampoco estabas entre ellos durante el debate.
(C.3:44) Y
Zacarías llegó a ser el guardián de ella.
(C.3:37)
Sola en su cámara privada del templo, la Virgen María se dedicó
con devoción a la adoración de su Señor. El venerable Zacarías, su
guardián, le llevaba comida y bebida. Como nunca nadie más, a excepción
de Zacarías, interrumpió su retiro, él estaba completamente sorprendido
al descubrir que la bendita Virgen no tenía ninguna necesidad de las
provisiones que le llevaba. Ella siempre estaba bien abastecida con frutos
de invierno en verano y frutos de verano en invierno, así como de otros
alimentos raros y delicados. En realidad, las formas de sustento que él
descubría en el cuarto de la Virgen, no eran bondades de este mundo sino
frutos del Paraíso.
Cada vez que Zacarías entraba al santuario secreto donde permanecía
la Virgen, se encontraba con que ella ya tenía amplias provisiones.
Él preguntó: María
¿Cómo es que esto te llega?
Ella
respondió: Viene de Allah. Con toda
seguridad Allah provee sin medida ni límite a quien a El le place. (C.3:37)
Comúnmente es aceptado que uno tiene que esforzarse para obtener
provisiones; sin embargo, Mariam recibía su sustento directamente de
Dios. No tenía necesidad de trabajar por éste, ni siquiera pedirlo; de
la misma manera en que concebiría al amado Jesús sin necesidad de un
esposo.
Este primer milagro de la Virgen de recibir su sustento del Paraíso,
es un heraldo de la concepción milagrosa de Jesús, que la paz esté con
él. Las palabras que la Virgen María dirigió al venerable Zacarías –
reveladas por Allah en el Sagrado Corán -, están intencionalmente
dirigidas para que toda la humanidad las oiga. Estas sirven para reforzar
nuestra fe en el poder y misericordia de Allah.
Numerosos y maravillosos son los favores de esa naturaleza,
divinamente concedidos a aquellos servidores perfectos que permanecen
cerca de Allah en adoración amorosa. Aquellos que reconocen el poder y la
misericordia de Allah son los que se benefician. Aquellos que los niegan,
se niegan a sí mismos.
La Virgen María compartía sus milagrosas provisiones con Zacarías
y con los pobres. Los frutos y alimentos eran mucho más deliciosos que
los terrenales y tenían propiedades inusuales. Estos eran presentados a
Mariam por el arcángel Gabriel.
Puesto que estaba nutrida por esta comunión celestial, Mariam había
alcanzado su crecimiento y desarrollo físico y espiritual a la tierna
edad de nueve o diez años. Su alcance espiritual le daba la apariencia de
un ángel. A los quince años, la Virgen tenía la madurez física y
espiritual necesaria, ya estaba lista para la procreación y la
maternidad.
Durante su constante remembranza interna y alabanza externa de su
glorioso Señor, esta dotada joven experimentaba éxtasis. Se embelesaba
con las visiones de ángeles y los oía glorificar a Allah el Altísimo.
Por este tiempo, en un día propicio, se le apareció el poderoso
Arcángel trayéndole un hermoso mensaje divino. El agraciado favor de
Allah a Su sierva María fue transmitido de una manera profética.
Los ángeles dijeron: “¡Oh
María! Allah te ha seleccionado y purificado. Te ha escogido sobre todas
las mujeres. María, sé devota a tu Señor, póstrate y reverencia con
aquellos que reverencian en adoración”. (C.3:42-43)
Después de esta proclamación divina, la noble joven entró en un
grado aún más exaltado de espiritualidad. Su amor por Dios se volvió más
intenso y experimentó un creciente éxtasis en su corazón, abrasado con
el amor de Allah. Ella pasó los días y sus noches reverenciando
agradecida y postrándose en adoración.
El nombre de su Señor estaba siempre en sus labios y cada átomo
de su ser lo agradecía sin cesar.
Para entonces, el venerable Zacarías ya estaba encorvado por la
edad, tenía ciento treinta y cinco años. La tarea de protección y guía
de su apreciada estudiante se
había vuelto una pesada carga. El ya no podía despachar apropiadamente
sus obligaciones. Necesitaba encontrar un creyente honorable y confiable
para que él se hiciera cargo de la iluminada joven.
Después de una cuidadosa reflexión, Zacarías supo quién era el
hombre idóneo. Entonces encomendó a la Virgen María al cuidado de José,
el carpintero, quien además era un pariente de ella. José, aceptó
jubiloso esta sagrada responsabilidad, ya que también él estaba
consagrado por voto al servicio del templo.
José era sabio, letrado y devoto. El cubría todos sus gastos por
medio del trabajo que hacía con sus propias manos, y usaba sus honestas
ganancias para ayudar a los pobres.
Esta santa persona tuvo el honor de hacerse cargo de la Virgen María
durante los últimos días de la vida del bendito Zacarías y después de
su martirio.
Durante todo este tiempo, José el carpintero sirvió a Mariam
fehacientemente, asegurándose de que cualquier necesidad de ella fuera
satisfecha. Él la confortaba en los días de pena y dolor. Nunca estuvo
lejos de su lado. |