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Camilo
Mejía fue a combatir a Irak. Volvió, con un permiso, a su casa en
Florida. Y decidió desertar. Se entregó al ejército estadounidense a
mediados de marzo, al tiempo que demandó ser considerado "objetor de
conciencia". En sus declaraciones, asegura que sus superiores les
ordenaban torturar a los prisioneros y simular fusilamientos. El juicio
militar, que comenzó el pasado miércoles 19 de mayo, permitió conocer
detalles desconocidos de la incursión norteamericana en Irak.
La náusea se abre paso entre las tropas de Estados Unidos, aunque el
malestar sea clandestino, pues un soldado activo que rehúsa ir a la
guerra puede enfrentar una corte marcial, la degradación militar, la cárcel
y la cancelación de prestaciones del Estado. Y debe recordarse que una
inmensa mayoría de los 37 mil militares sin ciudadanía estadounidense,
activos en las fuerzas armadas de este país, ven en el ejército la
posibilidad de salir de la miseria o de seguir estudiando.
No todos aguantan. A mediados de marzo pasado, el sargento Camilo Mejía,
de origen nicaragüense, decidió demandar ser considerado objetor de
conciencia. Mejía llegó a este país hace una década, cuando tenía 18
años. Pertenece a la 53 División de Infantería de la Guardia Nacional
de La Florida y es hijo del compositor Carlos Mejía Godoy, autor de las
piezas emblemáticas de la revolución sandinista.
El 16 de marzo pasado, en la base aérea Hanscom, de Concord,
Massachussets, Camilo se entregó al ejército poco más de cinco meses
después de haber "desaparecido", tras negarse a volver a Irak.
Había pasado 14 días en su casa de la Florida, con permiso del ejército,
luego de servir como líder de un pelotón en el llamado "triángulo
sunita", donde se han dado los más encarnizados enfrentamientos, de
octubre de 2003 a marzo del presente año.
A los militares activos que, como Camilo, "desaparecen" sin
avisar, se les llama AWOL (ausentes sin licencia), eufemismo que designa a
los desertores. Actualmente la armada sólo reconoce a 600 de estos AWOL,
porque aceptar una cantidad mayor desprestigia a la institución
castrense, dice Tom Ensing, director de Citizen Soldier, una organización
de veteranos de guerra con sede en Nueva York.
Le Canard, un semanario parisino de humor ácido, informó en diciembre
del año pasado que hasta esa fecha mil 700 soldados de Estados Unidos habían
desertado en Irak. Y añade que 7 mil soldados de este país habían
dejado Irak por problemas sicológicos y otras enfermedades. Si se agregan
los mutilados y lisiados, la suma de todas estas "bajas"
asciende a unos 14 mil soldados, según la organización pacifista de
Massachusetts, Peace Abbey.
Camilo Mejía en Irak: -¡Dale una oportunidad a la paz!
En esto coincide una vasta red de familiares de militares y veteranos en
contra de la guerra, integrada por grupos como Military Families Speak Out
(MFSO), Peace Abbey, GI Rights y Central Commitee of Conscientious
Objectors (CCCO). Hablan de cientos, o quizá miles de desertores.
Fernando Suárez del Solar, quien perdió un hijo en Irak el 27 de marzo
de 2003 y desde entonces se dedica al activismo contra la guerra, dijo que
en su reciente viaje a Irak pudo constatar la existencia de "un
amplio malestar entre la tropa", con ganas de desertar del ejército,
"por los horrores y las mentiras de esta guerra por petróleo".
Hace poco, Suárez encabezó una protesta contra Titan Corporation, una
empresa privada de traducción lingüística (y presunto espionaje) de San
Diego, California, que brinda sus servicios al gobierno de Estados Unidos
en los interrogatorios a prisioneros iraquíes.
Un reporte clasificado del Pentágono señaló recientemente a por lo
menos un empleado de esta compañía (Adel Naklha) como sospechoso de
estar implicado en el reciente escándalo de tortura a prisioneros en la cárcel
Abu Gharib.
Objetores
Tras su entrega, el 16 de marzo, ante el general Webster, en la base
militar Fort Stewart, de Georgia, Camilo Mejía hizo una petición para
obtener la categoría de objetor de conciencia, convirtiéndose así en el
primer militar de Estados Unidos que públicamente se rehúsa a ir a esta
guerra "por los abusos y el trato cruel a la población iraquí".
Existen otros dos casos recientes de objetores de conciencia. Jeremy
Hinzman solicitó ese estatus en dos ocasiones y en la primera de ellas
fue enviado, como castigo, a Afganistán. Luego fue amenazado por el ejército
con nuevas sanciones por negarse a ir a la guerra; actualmente vive en
Canadá, donde solicita asilo político. El otro caso es el de Stephen
Funk, un hombre negro y homosexual, castigado con seis meses de cárcel
por negarse a ir al frente de batalla, también en la guerra contra
Afganistán.
"Y por ser minoría entre las minorías", dice con enfado
Camilo.
Cuando Camilo llegó a Irak, durante los primeros días de mayo del año
pasado, luego que el presidente George W. Bush decretara "el fin de
las hostilidades mayores", fue asignado al frente de un pelotón, en
la base aérea iraquí de Al Assad. Esta había sido tomada por las tropas
de la ocupación. Allí, los hangares, fuertes construcciones de concreto
armado para proteger a los aviones de posibles ataque aéreos, fueron
improvisados como campos de detención "para interrogar
prisioneros", explica Camilo por teléfono.
"Nos ordenaron torturarlos", dice el sargento, con lo que
contradice al Departamento de Defensa, que ha sostenido que las torturas
comenzaron en diciembre pasado.
Tras haberse revelado las dramáticas fotografías y videos de las
torturas y humillaciones, "es ridículo seguir ocultando la
verdad", advierte Camilo.
Por lo menos desde julio de 2003, asegura, "teníamos orden de
torturar a los prisioneros", continúa el soldado de origen nicaragüense.
Las torturas a los "infortunados iraquíes" fueron ejecutadas a
muchos de los arrestados en las calles, "sin que realmente tuvieran
algo que ver", pues por las barreras del lenguaje "no pudieron
expresar su inocencia".
Los castigos consistieron en "privarlos del sueño hasta por 48
horas". O lo que es peor, abunda, "les vendábamos los ojos y
simulábamos ejecutarlos frente a una pared", disparándoles con
armas de alto poder cerca de los oídos. "¿Te imaginás como se oía
el eco de los disparos en esas enormes construcciones de concreto"?
Las declaraciones del sargento coinciden con los reportes de la Cruz Roja
Internacional, que desde hace un año expresaba su preocupación por el
trato a los prisioneros en Irak.
"Estos soldados desde luego que merecen castigo?, dice Camilo, en
referencia a los que han aparecido en las fotos. Pero le resulta injusto
"hacer recaer en ellos toda la responsabilidad", cuando se trata
de "un mal sistémico del ejército de Estados Unidos".
Además, dice, en Irak reina el caos en los campos de detención, y en las
calles, "y hasta han tenido que contratar recién a uno de los más
altos oficiales del ejército de Saddam Hussein" para combatir a la
resistencia iraquí. "Ya nomás falta que saquen al propio Saddam,
para que controle este desorden", dice Camilo.
Con horror y hasta con un poco de asco, este soldado nicaragüense cuenta
cómo un militar gringo disparó a un niño que portaba un rifle AK-47.
Herido de muerte, el menor clamaba espantosamente por su vida, en medio de
un charco de sangre. Un iraquí que pasaba por la escena detuvo su automóvil
y recogió al niño, gravemente herido, para llevarlo a un hospital
cercano. Pero un oficial de alto rango ordenó que se interceptara el vehículo
y que se llevara al menor a un hospital militar. El niño fue rechazado de
dos hospitales militares y finalmente fue devuelto al nosocomio civil. Al
llegar, el menor había muerto, desangrado.
Camilo también menciona cómo vio decapitar a un soldado iraquí con la ráfaga
de la metralla. "Estas y otras atrocidades deberían ser suficientes
para apartarse de la guerra", sostiene el sargento. Sin embargo, no
es en el frente de batalla donde se opera la toma de conciencia de un
objetor, dice Camilo. Cuando se está en la trinchera "uno no tiene
tiempo para filosofar o reflexionar en cosas políticas". Eso se hace
"en la comodidad del hogar", cuando regresan los soldados a
casa, "y tiene uno tiempo de poner en orden las ideas"; o cuando
los amigos y conocidos "comienzan a preguntarte sobre las
experiencias de la guerra?.
Un padre muy fuerte
Resulta por lo menos extraño que Camilo, siendo hijo de quien es, haya
terminado uniéndose a las fuerzas armadas estadounidenses para arriesgar
su vida por este país, que le abrió las puertas cuando tenía 18 años.
Extraño porque, entre muchas otras, Carlos Mejía Godoy es autor del
himno sandinista que en una línea reza: "Luchamos contra el yanqui,
enemigo de la humanidad".
¿Qué pasó?
- Cuando tienes un padre tan fuerte y con tanta presencia terminas por
alejarte de él, y buscas tu propia identidad, ¿no?-dice el sargento. -
Entonces, ¿fue un acto de rebeldía unirte al ejército?
- Más bien una necesidad, diría yo, de encontrar mi propio camino
-continúa, atribulado.
- Negar el legado de tus padres para encontrarte a ti mismo. Sin embargo,
esa herencia terminó ganando, ¿no es así?
Por la notoriedad internacional que cobró su caso "va a ser
imposible que el ejército le otorgue el estatus de objetor de
conciencia", dice el abogado Louis Font, de Brookline, Massachussets,
quien encabeza su defensa. Y de ser hallado culpable de deserción,
"le espera una corte marcial, que puede concluir con la degradación
militar o la cárcel".
Font no cree que la derrota del soldado objetor pueda conducir a su
deportación, "aunque en estos momentos, uno nunca sabe". El
juicio se inició el 19 de mayo, en Fort Stewart, una base militar que se
halla "en medio de la nada", en el estado de Georgia, "para
dificultar que mucha gente acuda a apoyarme".
La defensa de Camilo estará integrada también por un prestigioso grupo
de eminencias en derecho internacional y derechos humanos, como los
reconocidos profesores de leyes, Francis Boyle, de la Universidad de
Illinois, y Jules Lobel, de la Universidad de Pittsburgh, así como por el
ex procurador general de Justicia, Ramsey Clark, entre otras
personalidades que han confirmado su asistencia.
"Vamos a retar la validez de esta guerra", dijo Font. Se trata
de sentar un precedente, dice, "para volver el caso de Camilo un
paradigma", que servirá para abrir la puerta "a una enorme
cantidad de soldados" que por diversas razones "quieren
apartarse de la guerra".
La defensa de Camilo Mejía se centrará en dos ejes. Uno: "él no
puede volver a Irak, porque allá fue testigo de actos ilegales cometidos
por el ejército de Estados Unidos"; concretamente, "tortura a
prisioneros iraquíes". Y dos: "porque Camilo se declaró
objetor de conciencia", apunta el abogado, que prefiere no abundar en
detalles "para no entorpecer" el juicio.
El prestigioso abogado Eugene Fidel, que bregó con infinidad de casos
similares durante la guerra de Vietnam, sostiene que las regulaciones del
ejército no permiten a los soldados ser selectivos con los motivos que
los llevan a objetar la guerra.
"Camilo podrá obtener el estatus de objetor de conciencia",
sostiene, "si puede comprobar, basado en cuestiones religiosas o
convicciones personales, que todo el combate en general es objetable y no
sólo el conflicto con Irak". Pero "si Camilo argumenta que se
opone sólo al conflicto con Irak, será tanto como recibir el beso de la
muerte", concluye Fidel.
Según Iván Medina, ex miembro de la tercera División de Infantería, y
quien peleó en Irak entre marzo y agosto de 2003, las opiniones e
inconformidades expresadas por Camilo Mejía "son un sentimiento
compartido por un gran número de soldados que desean retirarse del frente
de batalla".
Iván, de origen mexicano, pudo renunciar al ejército tras la muerte en
combate de su hermano gemelo, Irving. El trabajó como asistente de un
capellán en el ejército, "recorriendo la tropa y preguntando a los
soldados sobre su estado de ánimo". Esa experiencia lo faculta,
dice, para sostener que poco más de la mitad de los soldados de su
unidad, que según él constaba de 10 mil efectivos, "se oponía a la
guerra".
La oposición, sin embargo, no era siempre por razones políticas, sino
sobre todo por las "duras y peligrosas" condiciones bajo las que
los soldados estadounidenses viven en Irak (la prensa estima 750 muertos y
más de 10 mil heridos desde que comenzó esta guerra).
A esa situación se suman las reiteradas promesas, siempre incumplidas, de
que volverán pronto a casa. "Es un acto de crueldad del ejército
para con nuestras familias". Iván Medina se ha dedicado a lanzar su
mensaje pacifista en decenas de medios de comunicación. "Asumí la
obligación moral de denunciar las atrocidades, con la esperanza de hacer
llegar mis objeciones a un número cada vez más amplio de soldados, que
necesitan un empujoncito para animarse a abandonar la guerra". En
tanto, mientras Carlos Mejía comienza a ser juzgado, además de su
libertad, el sargento nicaragüense quiere lograr que el gobierno de
Estados Unidos "acepte la naturaleza inmoral de esta guerra". |
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