Corresponsales 'violan la censura' y reconocen desastre militar en Irak

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de la Agencia Islámica de Noticias

A la fecha, se ha vuelto cada vez más difícil acceder a una información relativamente realista de lo que está ocurriendo en la guerra de Irak. A pesar de las señales que se dan a conocer esporádicamente en los grandes medios de prensa respecto al caos militar de las fuerzas de ocupación en dicho país (como las acciones recientes contra dichas fuerzas en plena ‘Zona Verde’ en Irak) la cobertura periodística al respecto queda completamente restringida por unas condiciones de guerra en virtud de las cuales los periodistas de las grandes cadenas noticiosas informan ‘libremente’ pero sólo desde Bagdad y al amparo de la protección de las fuerzas de ocupación.

El 13 de octubre, en entrevista en vivo con Terence Smith en el Online Newshour (http://www.pbs.org/newshour/bb/media/july-dec04/beat_10-13.html), Brian Bennet, periodista del Time Magazine que ha estado hace poco en Irak, dijo: “en este último viaje, en agosto, era casi imposible viajar fuera de Bagdad, pues que era algo tan peligroso … No estás allí para ver las cosas por ti mismo. No tienes un informe como testigo de lo que está pasando”. Rajiv Chandrasekaran, periodista del Washington Post y otro de los entrevistados, expresaba asimismo: “Sólo mira a las principales carreteras fuera de Bagdad. Todas ellas, según me parece, están en rojo. No enviamos a gente allí ... Hay ciertos barrios a donde puedes ir y operar discretamente ... Pero cuando se trata de dejar la capital y ver la vasta extensión de Irak, es casi imposible. En estos días la mayor parte de los periodistas occidentales, si van a salir de Bagdad, van con el ejército americano … Pero eso significa que sólo estás viendo un lado de la historia”.

Los rumores de la existencia de una situación en Irak bastante distinta a la que se informa, junto con una censura de magnitudes sorprendentes al menos de facto en la cobertura periodística de la guerra de Irak, han ido adquiriendo cada vez mayor consistencia en los últimos meses.

Hace no muchos días, entre fines de setiembre y principios de octubre, ocurrió un hecho que ha destapado en parte, al menos momentáneamente, el abismo de diferencia que existe entre lo que se deja ver y lo que se oculta. Por una parte, la imagen que brindan los grandes medios de comunicación sobre la resistencia en Irak (una resistencia marginal, terrorista y desorganizada que se halla cada vez más desesperada al encontrarse en ‘jaque mate’ por parte de unas fuerzas militares a las que apenas si inflinge bajas). Por otra parte, una situación de un serio ‘jaque’ militar en que se hallan las fuerzas invasoras, cuyas respuestas desesperadas pueden observarse por ejemplo en los continuos e impunes ataques aéreos a civiles indefensos, mujeres y niños (como ocurre en la ciudad de Fallujah), situación de jaque de la que, con varios visos de verosimilitud, informan dramáticamente corresponsales clandestinos como los de Mafkarat al Islam, o incluso algunos soldados americanos en comunicaciones por mail a grupos anti-guerra.

A fines de setiembre, la prestigiosa corresponsal del Wall Street Jornal en Medio Oriente, Farnaz Fassihi, envió desde Irak un explosivo mail en el que deja ver algo del estado real de la guerra en Irak, sobre todo en la misma ciudad de Bagdad, centro de la enorme y ‘victoriosa’ ocupación militar norteamericana.

Farnaz Fassihi, además de ser en la actualidad corresponsal para la guerra de Irak del gigante noticioso Wall Street Journal, ha trabajado anteriormente para The New York Times, lo cual deja ver su brillante carrera periodística, y aleja de ella toda sospecha de ‘activismo amarillista’ en contra de la guerra. Es una brillante periodista del establishment y, por lo mismo, sus revelaciones sobre Irak son tanto más impactantes.

Por supuesto, cuando Farnaz Fassihi redactó el mail en cuestión, no pensaba en hacerlo público, sino que éste mail era parte de unas comunicaciones privadas que enviaba de cuando en cuando a una lista de amigos sobre su trabajo y sus impresiones en Irak. Uno de ellos se permitió hacer menos privada la comunicación tan reveladora, y el texto de mail terminó siendo lanzado al Internet, dándose a conocer ampliamente entre círculos de prensa alternativa de habla inglesa a principios de octubre (el mail apareció primero en un foro del Instituto Poynter, desde donde se fue difundiendo). A pesar de ello, Farnaz Fassihi ha reconocido ser la autora del mail, y nadie en el Wall Street Journal ha desmentido su contenido.

Eso sí, según da a conocer Los Angeles Times, dos funcionarios de dicho medio de prensa, extraoficialmente y pidiendo el anonimato, dijeron que no se le permitiría a la periodista escribir sobre Irak hasta después de las elecciones americanas. Oficialmente, el diario ha comunicado que la periodista ya había planeado tomar unas largas vacaciones hasta después de las elecciones. El contenido del mail, por supuesto, no ha aparecido en ningún gran titular.

Aunque el contenido de este mail -dadas las restricciones que sufren todos los corresponsales en Bagdad- sólo dé cuenta hasta cierto detalle de la situación que se vive en Bagdad, no deja de ser revelador sobre el grado de desinformación en que se mantiene al público al respecto, y presenta muy serias dudas sobre el grado de la ‘victoria’ (¿o quizá callejón sin salida?) logrado por las fuerzas invasoras en Irak.

La traducción de la carta ha sido tomada del sitio www.escolar.net El texto del mail en inglés puede verse en http://poynter.org/forum/?id=misc


CARTA DESDE IRAK (del 29 de setiembre de 2004) Farnaz Fassihi Ser un corresponsal extranjero en Bagdad estos días es como estar bajo arresto domiciliario. Olvidad las razones que me empujaron hacia este trabajo: una oportunidad de ver mundo, explorar lo exótico, hacer nuevos amigos en tierras lejanas, conocer sus costumbres y contar historias que pudiesen cambiar las cosas.

Poco a poco, día tras día, permanecer en Irak ha echado por tierra todas esas razones. Estoy atrapada en casa. Sólo salgo cuando tengo una buena razón para hacerlo y una entrevista programada. Evito ir a las casas de la gente y jamás camino por la calle. No voy al supermercado, no puedo comer en restaurantes, no puedo comenzar una conversación con un desconocido, no puedo buscar historias, no puedo conducir nada que no sea un coche blindado, no puedo ir a los escenarios de las noticias, no puedo estar en un atasco, no puedo hablar inglés fuera de casa, no puedo viajar por las carreteras, no puedo decir que soy americana, no puedo rezagarme en los controles, no puedo tener curiosidad acerca de lo que la gente dice, hace o siente. No puedo y no puedo. Ya he tenido muchos avisos, incluyendo a un coche bomba que explotó tan cerca de nuestra casa que rompió todos los cristales. Ahora mismo mi mayor preocupación de cada día no es escribir la gran noticia sino permanecer viva y asegurarme de que nuestros empleados iraquíes tampoco mueran. En Bagdad, soy antes responsable de seguridad que reportera.

Es difícil establecer exactamente cuándo fue el punto de inflexión. ¿Fue en abril, cuando Faluya escapó del control de los estadounidenses? ¿Fue cuando Moqtada declaró la guerra al ejército estadounidense? ¿Fue cuando el barrio bagdadí de Ciudad al Sader, el hogar del diez por ciento de los iraquíes, se convirtió en un campo de batalla cada noche? ¿O fue cuando la resistencia empezó a extenderse de los grupúsculos aislados en el triangulo suní hasta incluir a la mayor parte de Irak? A pesar de las afirmaciones optimistas de George Bush, Irak sigue siendo un desastre. Si bajo Saddam era una amenaza “potencial”, bajo los estadounidenses se ha transformado en una amenaza inminente y activa, un gran fallo de política exterior que se convertirá en la maldición de los Estados Unidos durante las próximas décadas.

Los iraquíes llaman a este desastre “la situación”. Cuando les pregunta cómo van las cosas, responden “la situación es muy mala”. Lo que quieren decir con “la situación” es lo siguiente: el gobierno iraquí no controla la mayoría de las ciudades, varios coches bombas explotan cada día por todo el país matando e hiriendo a montones de personas inocentes, las carreteras se han vuelto impracticables, sembradas con cientos de minas y explosivos colocados para matar soldados estadounidenses, hay asesinatos, secuestros y decapitaciones. La situación básicamente significa que hay una sanguinaria guerra de guerrillas. En cuatro días, han muerto 110 personas y alrededor de 300 han sido heridas solamente en Bagdad. Las cifras son tan impactantes que el ministro de Sanidad –que hasta ahora estaba haciendo un ejercicio de transparencia informativa– ha dejado de hacerlas públicas.

La resistencia ahora ataca a los estadounidenses 87 veces al día. Un amigo viajó ayer a través de una barriada chiíta, en Ciudad al Sader. Me dijo que había jóvenes a la vista de todos enterrando improvisados explosivos en las calles. Cavaban un agujero profundo en el asfalto, enterraban el explosivo, lo cubrían de tierra y ponían encima un neumático viejo o una lata de plástico para advertir a los vecinos de la trampa. Me contó también que la mayoría de las carreteras de Ciudad al Sader tienen una docena de minas cada pocos metros. Su coche tuvo que serpentear entre ellas para evitarlas. Escondidos detrás de cada muro, hay iraquíes enfadados, listos para detonar los explosivos tan pronto llegue un convoy estadounidense. Y esto es territorio chiíta, esa población que se supone que ama Estados Unidos por liberar Irak.

Para los periodistas, el punto de inflexión llegó con la ola de secuestros. Hasta hace dos semanas, nos sentíamos seguros en Bagdad porque los extranjeros estaban siendo secuestrados en las carreteras y autopistas entre las ciudades. Hasta que llego una llamada de teléfono frenética a las once de la noche de una periodista amiga mía contándome que dos italianas habían sido secuestradas en sus casas a plena luz del día. Después, los dos estadounidenses, que fueron decapitados esta semana, y el británico fueron raptados de sus casas en una zona residencial. Estaban proporcionando electricidad 24 horas al día para todo el bloque desde su generador para así ganar amigos. Los captores cogieron a uno de ellos a las seis de la mañana, cuando salía para encender el generador. Su cuerpo decapitado fue arrojado cerca del barrio.

La resistencia, nos dicen, está desbocada, sin signos de que vaya a calmarse. De hecho, es más fuerte, organizada y sofisticada cada día. Los distintos grupos de militantes del partido Baas, criminales, nacionalistas y terroristas de Al Qaeda están coordinados y colaboran entre sí.

Fui a una reunión de emergencia para los corresponsales extranjeros con los militares y la embajada para discutir sobre los secuestros. Nos dijeron que nuestro destino dependería de dónde nos encontrásemos en la cadena del secuestro en el momento en que se supiese que habíamos desaparecido. Así es como funciona: una banda de criminales te secuestra y te vende a la resistencia Baas de Faluya, que después te vende a Al Qaeda. En cada turno, dinero y armas fluyen desde Al Qaeda a los militantes de Baas y a los criminales.

Mi amigo Georges, el periodista francés secuestrado en la carretera de Nayaf, lleva desaparecido un mes sin una sola noticia sobre su posible liberación o si está aún vivo siquiera. ¿Cuál es la última esperanza estadounidense para una salida rápida?

La policía iraquí y las unidades de la Guardia Nacional en la que gastamos miles de millones de dólares para entrenarlos. Los policías están siendo asesinados por docenas cada día –ya van unos 700 muertos hasta la fecha– y la resistencia se está infiltrando entre sus cargos. El problema es tan serio que el ejército se ha gastado seis millones de dólares en sobornar a 30.000 policías que acaban de terminar su entrenamiento para librarse de ellos sin hacer ruido.

Y sobre la reconstrucción: primero, es tan inseguro para los extranjeros trabajar aquí que la gran mayoría de los proyectos están estancados. Después de dos años, de los 18.000 millones de dólares que el Congreso destinó a la reconstrucción de Irak, sólo se han gastado unos 1.000 millones y una buena parte del dinero ha sido reasignada para mejorar la seguridad, un signo de hasta qué punto van las cosas mal. ¿Y los sueños de petróleo? La resistencia interrumpe de forma rutinaria la producción y como resultado de los sabotajes, el precio del petróleo ha alcanzado el récord de 49 dólares por barril.

¿A quién benefició exactamente esta guerra? ¿Mereció la pena? ¿Estamos más seguros ahora con Saddam encerrado y Al Qaeda campando a sus anchas por Irak? Los iraquíes dicen que gracias a Estados Unidos han conseguido libertad a cambio de inseguridad. ¿Saben qué? Ellos dicen que cambiarían la seguridad por la libertad en cualquier momento, incluso si eso significa una dictadura. Escuché a un iraquí culto que si a Saddam Hussein le dejaran presentarse para las elecciones ganaría por mayoría absoluta. Esto es realmente triste.

Esta semana fui a ver a un erudito iraquí para hablar sobre las elecciones. Ha estado intentando educar a la población de la importancia de votar. Él dice: “El presidente Bush quería convertir Irak en una democracia que fuese un ejemplo para el Oriente Medio. Olvidaos de la democracia, olvidaos de ser un modelo para la región, tenemos que salvar Irak antes de que todo esté perdido”. Uno puede argumentar que Irak ya está perdido. Para los que estamos aquí, a pie de calle, es difícil de imaginar qué nada pueda salvarlo de esta creciente espiral de violencia. Como resultado de los errores de Estados Unidos, el genio del terrorismo, caos y mutilación se ha escapado en este país y ahora no se puede devolver a la botella.

El gobierno iraquí habla de elecciones en tres meses, mientras la mitad del país continúa siendo zona prohibida, fuera de las manos del gobierno y de los estadounidenses y lejos del alcance de los periodistas. En la otra mitad, el desencanto de la población es demasiado terrorífico como para dejarse ver por las oficinas electorales. Los suníes ya han dicho que piensan boicotear las elecciones, dejando la puerta abierta a un gobierno polarizado de kurdos y chiítas que no será considerado legítimo y muy probablemente llevará al país a una guerra civil.

Le pregunté a un ingeniero de 29 años si él y su familia iban a participar en las elecciones, ya que es la primera vez que los iraquíes podrán de alguna manera elegir su destino. Su respuesta se resume así: “¿Ir, votar y correr el riesgo de que te vuelen en pedazos o que te sigan los insurgentes y que te maten por colaborar con los estadounidenses? ¿Para qué? ¿Para practicar la democracia? ¿Estás bromeando?”