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La
fe del Islam nos cuestiona
Por
Leonardo Boff,
Teólogo de la Liberación
Muchas son
las lecturas que se están haciendo acerca de las reacciones
musulmanas por causa de las caricaturas de la figura de
Mahoma. Ninguna de las que he leído hasta ahora llega, a mi
modo de ver, al meollo de la cuestión. Quien más se acercó
fue Mauro Santayana, aquí en el Jornal do Brasil .
Necesitamos profundizar más en el análisis pues en él se
esconde la espoleta de una probable guerra de civilizaciones
preconizada por Samuel P. Huntington en su discutido libro
El choque de las civilizaciones (1996).
Se
equivocan quienes piensan que se trata de fundamentalismo.
Para el Islam por detrás de las caricaturas está la cultura
moderna de occidente hoy globalizada. Es considerada como
una cultura sin fe, inmoral, explotadora, belicosa,
arrogante y violadora de tratados del orden mundial. Se
juzga universal y por eso digna de ser impuesta a todo el
mundo: un pretendido universalismo que se transforma en
imperialismo, como se ve explícitamente en la política
externa de Bush y en declaraciones de Berlusconi. Hay que
reconocer que la mayor fuente de inestabilidad y de posible
conflicto en un mundo pluricivilizacional es precisamente
Occidente. Su arrogancia, incrustada también en las iglesias
cristianas, puede llevarnos a todos a perder.
Para
Occidente, por detrás de las reacciones a las caricaturas
está el radicalismo islámico fundado en el orgullo de su
cultura y en el sentimiento de superioridad por mantener
viva la fe pública en Dios. Está también el rencor por el
hecho de estar sus territorios militarmente ocupados por
causa del petróleo y de ser considerados antimodernos,
fundamentalistas y nichos del terrorismo mundial.
Nos
encontramos aquí con prejuicios mutuos que, resucitados en
un contexto globalizado, pueden generar una violencia
incontrolable.
Pero la
verdadera manzana de la discordia reside en la fe y en el
lugar que ella debe ocupar en la vida personal y social. Las
sociedades modernas occidentales son hijas de la razón
ilustrada. Sólo se legitima aquella realidad que pasa por la
criba de la razón crítica, y por esa criba no ha pasado la
fe tradicional. La fe no es un factor determinante en la
sociedad. Ha sido relegada al mundo privado. Mirándolo desde
afuera, el Occidente socialmente no tiene fe. Se vive
etsi Deus non daretur ( « como si Dios no existiese »
), según la famosa formulación del teólogo-mártir del
nazismo D. Bonhoeffer que antevió ese oscurecimiento social
de la fe.
Tal punto
de vista es inaceptable para el Islam. Para él es impensable
una sociedad sin una dimensión institucional de fe. Es no
ver sentido en el universo sustentado por el Creador del
cielo y de la tierra, es desconocer a los seres humanos como
hermanos y hermanas. Esto no conduce necesariamente a un
estado teocrático como podemos comprobar hoy en Indonesia,
el mayor país musulmán del mundo. El Estado reconoce
explícitamente en su organización la fe en Dios, sin
identificar ese Dios con el del Islam, ni con el del
Cristianismo o el de otras religiones. Es un estado no
confesional, con fuerte identidad nacional y fe ecuménica.
La herencia irrenunciable de Mahoma es esta proclamación
pública de Dios y de la hermandad de todos los seres
humanos, valores tenidos en Occidente por pre-modernos.
Hacer
caricaturas del Profeta es hacer irrisión de esta fe que
orienta la vida de millones de personas. De ahí la reacción
comprensible de los musulmanes del mundo entero. La fe es
central en el Islam pero es irrelevante en Occidente. Las
caricaturas buscan ridiculizar esta diferencia. El irrespeto
de lo Sagrado es una muestra de la irrefrenable decadencia
espiritual de Occidente. |