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Medio Ambiente e Islam
por AbdulKarim Paz
tomado de WebIslam
La crisis del medio ambiente sin dudas es
esencialmente una crisis humana. El hombre enajenado vive en un
estado de opresión contra sí mismo, contra los otros hombres y
contra la naturaleza. El creciente dominio del hombre sobre la
naturaleza es hoy puesto en duda, pues ya nadie puede asegurar con
certeza de que la naturaleza no vaya a terminar doblegando al hombre
en esta visión cosificadora del mundo en que vivimos.
Primero se la desacralizó (a la naturaleza) junto con la visión que
el hombre europeo se forjó de sí mismo. Luego, inmediatamente, se la
consideró como algo a utilizar y sacarle el mayor gozo y placer
posible. La relación no fue la de sacarle provecho pero a la vez
sentirse responsable de ella, sino que se la trató como a una
prostituta para sacarle el máximos placer sin sentir la más mínima
responsabilidad. La lujuria y codicia exigen cada vez más de la
naturaleza. Dicen los expertos que el modelo capitalista es inviable
puesto que si muchos más países accediesen a los niveles de consumo
del primer mundo el planeta no lo podría resistir.
Estamos viviendo el espíritu conquistador, colonialista de los
europeos que con ese mismo espíritu conquistaron y saquearon América
hasta sumirla en la pobreza. Ahora se conquista el espacio, el poder
de fuego sobre el enemigo. El hombre renunció a su responsabilidad
de regente de Dios en la tierra, de guardián y custodio. Hacer rato
que se separó de sí mismo y de Dios. Es como un animal desenfrenado,
insaciable que cree que podrá seguir gozando eternamente. El
adjetivo de salvaje para el capitalismo tiene esa connotación.
El conocimiento secularizado se llamó ciencia y el mundo natural y
social se quedó sin espíritu.
El Sagrado Corán llama al mundo signo de Dios. Es al mismo tiempo un
velo y una revelación del Creador. Naturaleza y revelación provienen
de la misma fuente divina, cuando el hombre se separó de una se
separó de la otra y rompió la armonía, el tawhid (en árabe, la
unicidad). La Visión del Islam es monoteísta, es decir pone especial
énfasis en la unicidad del universo. El mundo en la mentalidad
moderna fue interpretado como una gran máquina, sus partes no forman
un todo orgánico sino que son vistas como separadas e
independientes.
En este mundo sin trascendencia y sin fines los medios se
convirtieron en fines. El fin absoluto fue suplantado por los medios
y éstos se creyeron absolutos son serlo. La tecnología, por
naturaleza un medio se convirtió en un fin. El goce material,
también por esencia limitado se convirtió en el único fin.
Alguien dijo si sería lógico decirle a alguien que vive en el campo,
en la montaña o frente al mar que deje todo y venga a vivir a las
ciudades donde se encuentran los mayores avances de la civilización
pero para poder gozar de ellos tendrá que trabajar doce horas en una
fábrica y luego llegar cansado a su casa para poder ver algo en la
tv como un reality show al estilo de Gran hermano o el programa
Susana Jiménez.
Las únicas ciencias aceptables y legítimas de la naturaleza son las
cuantitativas y experimentales y todo otro conocimiento es puro
sentimiento o superstición. Parecería que sólo puedo conocer o es
conocimiento aquello que trata de la superficie de la realidad, no
aquello que trata de la raíz o lo profundo de la existencia. No hay
sabiduría, visión de la totalidad, conocimiento del sentido, no hay
espíritu.
De las escuelas de filosofía occidentales, la más influyente en los
últimos años ha sido la inglesa del positivismo lógico nacida del
círculo vienés de Carnap, Frank, Reichenbach y otros. Ellos dicen
que a la ciencia no le corresponde descubrir la naturaleza de las
cosas o algún aspecto de lo real., sino establecer conexiones entre
signos matemáticos y físicos (a los que ellos llaman símbolos) que
pueden elaborarse por medio de los sentidos externos. Y los
instrumentos científicos., concernientes a la experiencia que se nos
presenta como el mundo entero. Una función meramente lingüística de
la filosofía.
Los científicos musulmanes creían que hasta en el dominio de la
matemática la función de la ciencia era descubrir un aspecto de lo
real.
Vivimos en un multiverso más que en un universo como decía
Oppenhaimer.
La hipótesis de la evolución (una criatura de la filosofía del siglo
XIX) se convierte en un dogma de la biología que se presenta al
mundo como una verdad axiomática. No se estudia nada más en sí mismo
sino su historia y su evolución.
La filosofía neotomista ha marcado una verdad simple (aunque es
excesivamente racionalista y no metafísica en un sentido real) que
el método de conocimiento empleado en la naturaleza no puede ser el
mismo que en la metafísica.
Para Husein Nasr sólo el intelecto (la gnosis) puede penetrar en lo
real, la razón sólo explica. Y es esta gnosis que puede unir a la
teología, la filosofía y las ciencias de la naturaleza. Una
verdadera teología de la naturaleza (supone la gnosis) no una mera
defensa racional de los dogmas de fe (teología cristiana). Para el
Seied Nasr, Occidente debe retomar esta forma de conocimiento
presente en los Padres de la Iglesia o los metafísicos cristianos de
la Edad Media como Erígena o Eckhart o la teosofía de Jacobo Boehme.
La desaparición de la gnosis, en su verdadero sentido, como
conocimiento intuitivo o iluminativo, y su reemplazo por misticismo
sentimental y el descuido gradual de una teología metafísica por una
teología racional, son todos efectos del cambio en las almas de los
hombres.
El sistema cientificista está colapsando. Las grietas de sus paredes
no deben llenarse con los más negativos residuos psíquicos, los
nuevos órdenes espirituales que provienen de los inventos humanos.
Se necesita un agua o luz del cielo.
La tecnología se encuentra subyugada a la economía, a una ética de
mercado que en vez de apuntar al desarrollo igualitario de todos los
habitantes del planeta, ha enriquecido a unos en detrimento de
otros; no sólo no se ha compartido el pan, sino que se ha acumulado
la harina para especular con ella, cuando millones de seres se
mueren de hambre cada año. Los intereses creados han tomado el lugar
de los intereses verdaderos.
Su desmedida ambición pretendió codificar a su antojo lo que la
naturaleza perfeccionó durante milenios; y en el seguimiento de su
visión distorsionadas se ha olvidado del enorme poder de la
naturaleza vegetal, animal y humana de retomar sus cauces
originales.
Dice Eduardo Galeano en su libro: úselo y tírelo:
El veinte por ciento de la humanidad comete el ochenta por ciento de
las agresiones contra la naturaleza, y es la humanidad entera quien
paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la
intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el
enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos no
renovables.
Los gobernantes que nos prometen un ingreso al primer mundo del
consumo están haciendo apología del crimen. Pues este sistema se
basa en la explotación del prójimo y la aniquilación de la
naturaleza.
Según el Teólogo Leonardo Boff, el anticristo es el espíritu de la
globalización económica.
Se habla en las ciencias de un movimiento que propugna un nuevo
paradigma, al igual que el nuevo paradigma del desarrollo
sustentable: economía solidaria y equilibrio entre crecimiento
económico, recursos biológicos y equidad social.
¿Qué tiene el Islam para ofrecer contra este suicidio colectivo al
que no arrastra el monoteísmo del mercado? Un sistema donde el fin
último es Dios no este mundo y sus goces que se maximizan con la
explotación del otro y del medio ambiente.
El Islam tiene una concepción superadora de la visión materialista y
reduccionista que impera en esta cultura global actual y sus
principios económicos regulan esta actividad de modo de oponerse a
la concentración de la riqueza. Los bienes vitales para la sociedad
no pueden privatizarse, la usura o el cobro de interés está
prohibida, los minerales, bosques y mares son explotados por el
estado islámico y no pueden privatizarse. Nadie puede ser dueño de
una tierra y no trabajarla sin excusa por más de tres años seguidos
puesto que entonces el gobierno tiene derecho a expropiarla y
repartirla entre aquellos que estén capacitados para trabajarla y
extraer sus beneficios.
En el Sagrado Corán, Dios enseña que la tierra es un organismo vivo
y consciente que no tolerará sumisa la explotación desenfrenada. Su
reacción será inevitable y será uno de los despertadores que
sacudirán la conciencia dormida del hombre moderno. |