LA NOBLE VIDA Y EL MARTIRIO DEL IMAM HUSAYNIRSHAD, de Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi
Bismillahir Rahmanir Rahim En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso Fue durante el cuarto año de la Hégira que nuestro Maestro el venerable Husayn llegó para adornar este mundo, en Medina la Pura, en el quinto día de Shaban. Fue concebido en el vientre de la noble Fátima cincuenta noches después del nacimiento de su hermano, el venerable Imam Hasan. No fue otro que nuestro Maestro el glorioso Mensajero el que realizó el ritual de insertar su bendita saliva en la boca del recién nacido. Fueron sus labios benditos los que recitaron el Llamado a la Oración en el oído del infante, el que oró por él y le dio el exaltado nombre de Husayn cuando tenía siete años. Él fue el que hizo el sacrificio por su nieto en el momento de la ceremonia de darle el nombre. El venerable Imam Husayn, tan amado por el glorioso Mensajero, era valiente y audaz, erudito, piadoso, elocuente, fluido y conciso, un orador bueno y conmovedor, agradable al Señor en todo aspecto, en Quien ponía toda su confianza. De acuerdo al venerable Abu Huarayra, el Mensajero de hombres y jinn solía usar palabras como estas: “¿Dónde está ese tipo pequeñito?” cuando buscaba al venerable Husayn mientras estaba sentado en su noble mezquita. El venerable Husayn corría inmediatamente, se sentaba en la falda de nuestro Maestro bendito, lo abrazaba afectuosamente, luego deslizaba los dedos por la barba bendita del noble Mensajero. El Rey de los Profetas luego besaba al venerable Husayn, diciendo: “Oh mi Señor, amo a este niño. Que Tú también ames a mi Husayn y a aquellos que lo aman”. Una vez, después de los tiempos benditos del Profeta, el venerable Abdullah ibn Umar estaba sentado a la sombra de la Kaaba honrada cuando vio acercarse a nuestro Maestro, el venerable Husayn. Volviéndose a los que estaban a su lado, dijo: “Aquí viene la persona más querida de aquellos que están en el cielo y de toda la gente de la tierra”. Mientras decía estas palabras, señaló al venerable Husayn. Apretándose contra la Kaaba honrada, el Imam Husayn estuvo en íntima comunión con Allah, el Señor de la Gloria, diciendo: “Dios mío, me has bendecido con Tus dádivas en abundancia, no obstante me has encontrado desagradecido. Oh Señor, me has puesto a prueba, pero me has encontrado impaciente. A pesar de mi ingratitud, no me has privado; a pesar de mi impaciencia, no has prolongado mi penuria. Dios mío, nada sino gracia y generosidad fluye del Todo Generoso”. Siempre acompañaba y servía a su noble padre, el Imam Ali, mientras estaba en Medina la Iluminada. También fue con él a Kufa. Luchó junto a su padre reverenciado en todas sus batallas y lo apoyó constantemente hasta su martirio. Después de eso estuvo con su hermano, el venerable Hasan. Después de que este último renunciara al califato, regresó a Medina la Iluminada, en donde permaneció hasta el año 60 de la Hégira, cerca del fragante lugar de descanso de su noble abuelo, el Profeta final. De acuerdo al Imam Suyuti: “En el año 60, el pueblo de Siria rindió homenaje a Yazid. Yazid el Infame envió hombres a Medina la Iluminada para que llamaran también a la gente de allí a rendirle homenaje. El Imam Hasan, Ibn Umar y Abdullah ibn al-Zubayr, que Allah esté complacido con todos ellos, le negaron la lealtad a Yazid. Abdullah ibn Umar dijo: “No le rendiré homenaje a Yazid en tanto no haya un consenso general para jurarle lealtad”. Esa misma noche abandonó Medina la Iluminada y se mudó a la Meca, la Ennoblecida. Abdullah ibn al-Zubayr ni le rindió homenaje él mismo a Yazid, ni fue a ver a otra gente para que lo hiciera. En cuanto al venerable Imam Husayn, como había sido designado heredero al trono por el padre de Yazid, fue invitado por la gente de Kufa. Los Kufanos le escribían cartas todo el tiempo urgiéndolo a ir a su ciudad. A pesar de eso, el noble Imam no aceptó su invitación ni estuvo de acuerdo con la línea de acción de los Kufanos. Dado que se había rendido homenaje a Yazid, se vio forzado a tomar una decisión, ya sea para permanecer como era o para responder a la invitación de los Kufanos. Le resultaba imposible decidir dónde yacía su deber. Eventualmente lo consultó a Ibn Zubayr, que le aconsejó aceptar la invitación de los Kufanos. El venerable Ibn Abbas, sin embargo, veía las cosas de un modo diferente: “Guárdate de aceptar la invitación de los Kufanos, Oh Imam”, dijo. “Los Kufanos traicionaron tanto a tu padre, el Imam Ali, como a tu hermano mayor, el Imam Hasan. No se puede confiar en la palabra del pueblo de Kufa”. Abdullah ibn Umar también le aconsejó que se guardara de abandonar Medina la Iluminada. Sin embargo, lo que había sido decretado divinamente, llegaría a suceder. El Imam Husayn había decidido ir a Irak. El venerable Ibn Abbas le imploró que no fuera pero no pudo persuadir al venerable Imam de que cambiara de opinión. “Oh Husayn”, rogó, “Juro por Allah que seguramente te van a matar como al venerable Uthman en medio de tu propia familia”. Cuando eso no sirvió de nada, Ibn Abbas dijo: “Oh Husayn, al irte a Irak le estás dejando la Hijaz[1] a Ibn al-Zubayr”. Pero no pudo influir en la decisión del venerable Imam, cuya resolución era inamovible. No podía abandonar la Comunidad de Muhammad a un gobernante depravado. Mientras tanto, la gente de Irak estaba enviando una corriente de correos con cartas de invitación. Finalmente, el diez de Dhu-l Hijja, el venerable Husayn partió de la Meca, la Ennoblecida, con su familia y acompañantes e inició el camino a Irak. Varios miembros de la casa del Profeta viajaban con él. En realidad, las personas que habían invitado al venerable Husayn a Irak eran malhechores trabajando para la causa de Yazid. Cuando Yazid oyó que había partido hacia Irak, le envió órdenes escritas a Ubaydullah ibn Zayyad, ordenándole llevar a cabo acciones militares contra el venerable Husayn. Al recibir esas órdenes de Yazid, el execrable Ibn Zayyad despachó cuatro mil tropas, bajo el mando de Umar ibn Sad, contra el venerable Imam. En cuanto al pueblo de Kufa, no le dio al venerable Imam más ayuda que la que antes le había dado a su padre. En verdad, ni siquiera intentaron unirse a él. Algunos de los Kufanos que lo habían invitado a Irak estaban en realidad enrolados entre las cuatro mil tropas enviadas a oponerse al venerable Husayn. Viéndose rodeado por cuatro mil soldados armados, el venerable Imam Husayn hizo saber que estaba dispuesto a retornar a la Hijaz para poder salvar a su gente de ser maldecida debido a su asesinato, pero dijo que la conducta correcta sería rendir homenaje a Yazid o arriesgarse a la batalla. Rechazando la idea de retornar a la Hijaz, entró en combate. La suerte estaba echada y no había marcha atrás. Asesinaron y martirizaron al nieto bienamado del Príncipe del Universo, el hijo querido de Fátima, la mejor de las mujeres; le cortaron su bendita cabeza y se la llevaron en una vasija al execrable Ibn Zayyad. Ciertamente la maldición de Allah cae sobre los malhechores. [11:18] De Allah somos y a Él hemos de volver. [2:156] Se dice que cuando el venerable Imam Husayn tuvo la certeza de que el ejército que se acercaba entraría a la batalla con él, reunió a sus compañeros y a los miembros de la casa del Profeta y pronunció este breve sermón: “Alabanza y agradecimiento al Señor Dios y bendiciones y paz para el noble Mensajero. . . “¡Oh mis compañeros, parientes, amigos y miembros de la casa del Profeta! Podéis ver la condición en la que nos encontramos. Este mundo ha cambiado y nos ha dado vuelta la cara. Su bondad se ha retirado y ante nosotros yacen días malignos. Seguramente veis que la verdad ya no se pone en práctica. La falsedad no ha llegado a su fin. Que aquellos que son creyentes tengan el deseo de encontrase con Allah. Para mí no hay duda alguna de que la muerte es una bendición. Considero que es un crimen vivir en la compañía de tiranos”. Que Allah esté complacido con él y lo complazca. Su martirio ocurrió en el día de Ashura, el diez de Muharra, del año 60, en un lugar de Irak llamado Karbala, que yace entre Hilla y Kufa. Ese día, veintitrés miembros de su casa fueron martirizados junto con él. Esas veintitrés víctimas venían del linaje puro de nuestro Maestro, el noble Mensajero, y eran parientes cercanos del Profeta reverenciado. Entre esos mártires se encontraban primos de nuestro Maestro bendito, hijos del venerable Hasan y los hijos pequeños de nuestro Maestro el venerable Husayn, con excepción de su hijo, Zayn al-Abidin. Las lágrimas de las damas de la casa del Profeta fluyeron como el Nilo y el Eufrates, y sus suspiros y gemidos alcanzaron el Trono en las Alturas e hicieron llorar al alma de Fátima la Radiante. Angustiaron el alma bendita del Profeta y enlutaron a los ángeles y los jinn. Cuando su noble hermano Husayn fue martirizado, Zaynab le gritó a través de las lágrimas al cruel asesino: “¡Tiranos! No sabéis lo que habéis hecho, a quién habéis martirizado y a quién habéis hecho llorar. ¿Cómo le responderéis al glorioso Profeta si os pregunta en el cercano Día de la Resurrección: ¿Qué le hicisteis a la gente de mi casa y a mis hijos después de mi partida? A algunos los tomasteis prisioneros, a algunos los esclavizasteis y a algunos los empapasteis en sangre carmesí. ¿Cómo lo miraréis a la cara y cómo podéis esperáis su intercesión si dice: ¿Así es como mostráis vuestra gratitud a vuestro Profeta? ¿Así es como mostráis vuestro afecto? No os avergonzaréis de vosotros mismos si dice: ‘¿Os atreveríais a beber agua de la fuente del Mensajero, cuando condenasteis a la gente de mi casa a padecer sed y le negasteis una sola gota de agua a mi bienamado Husayn y a sus Inocentes?’ ”
En esos caminos, en esos desiertos a todo lo largo de esos yermos solitarios, Huríes y jinn lamentan la suerte de la pobre Zaynab.
La noche en que el Imam Husayn fue martirizado, nuestra Madre Umm Salama[2], que Allah esté complacido con ella, soñó que veía al más noble de los Mensajeros apenado y triste. Le preguntó la razón de su pena y recibió esta respuesta: “Oh Umm Salama, han martirizado a mi Husayn, es por eso que estoy lleno de dolor y desesperanza” .
Una crueldad semejante las esferas celestes jamás habían conocido El glorioso Mensajero estaba sumido en la desesperación allí junto al Trono más elevado.
Mientras en la Resurrección la gente bebe el agua de Kawthar de la mano de Haydar, Tú yaces como un mártir sediento, Oh Husayn en el desierto de arena de Karbala.
Incluso mientras el traicionero Shimr lo estaba inmovilizando y preparándose para convertirlo en mártir, el Imam Husayn le dirigió estas palabras al hombre que le negó agua: “Nos hiciste vagar sedientos a mí y a mis hijos por estos yermos desiertos. No me diste nada de agua y sé que no debo esperar nada de ti. Pero al menos dale a mis hijos una gota para beber, para que pueda perdonarte por el gran mal que nos has hecho”. La única respuesta de ese forajido fue decir: “Si la tierra y el cielo estuviesen llenos de agua, no te daría una gota ni a ti ni a tus hijos”. Entonces el venerable Imam Husayn le dijo al execrable Shimr: “Me has negado agua y le has negado a mis hijos incluso una gota. Pero en el Sitio de la Resurrección no nos hundiremos a tu nivel dejándote sediento. Porque el dueño de Kawthar es mi abuelo y el que sostiene esa fuente en el Paraíso es mi padre”. Luego pateó rápidamente el suelo, del cual brotó un límpido manantial. Señalando ese agua, le dijo al execrable Shimr cuyos ojos se abrieron de asombro: “Ahora ves la calidad de nuestra paciencia. Sólo hemos sufrido así para enseñarle a la Comunidad y para hacerles comprender que deben estar preparados para sacrificar todo lo que tienen, cuando se involucren en una lucha necesaria contra los tiranos y los corruptos. Por lo demás, el agua estaba bajo nuestro dominio. Si lo hubiésemos querido, podríamos haberla sacado y bebido antes de ahora. Nos refrenamos de hacerlo, sin embargo, para ponerle un ejemplo de auto-sacrificio a la Comunidad de Muhammad”. En cuanto hubo pronunciado estas palabras, el vino del martirio sació su sed. Oh Señor, no nos prives de la Intercesión de Husayn. . . El execrable Ibn Zayyad le envió la bendita cabeza de nuestro Maestro Husayn a Yazid el Infame, que estaba sano y salvo en Damasco, esperando impacientemente los frutos de su crimen. También le enviaron al hijo bienamado del Imam Husayn, el Imam Zayn al-Abidin, y su hermana, la venerable Zaynab. El niño y su tía habían estado en Karbala ese día, pero estaban demasiado enfermos para tomar parte en la lucha y habían sobrevivido. Yazid, el de mala fama, clavó esa cabeza bendita en una vara que tenía en la mano y se atrevió a burlarse de ella, llevando su falta de respeto por la familia del Mensajero a un grado extremo. Parecía enormemente satisfecho con su acto criminal, sin pensar por un solo momento que sería condenado y maldecido hasta el Día de la Resurrección, no sólo por todos los Musulmanes sino por todos los hombres de conciencia y sentido común. Ni siquiera eso satisfizo a Yazid el Infame. Dio órdenes de que la cabeza bendita fuera exhibida a lo largo y ancho de todas las tierras del Islam. Sólo cuando oyó del descontento expresado por todos los Musulmanes cuando se enteraron del martirio del Imam Husayn, se sintió compelido a enviar a salvo de regreso a Medina a los nobles parientes del Imam. La cabeza bendita del venerable Husayn fue enviada a Asqalan (Ascalon), en donde el gobernador local la hizo enterrar.
Fuente: Orden Halvetti Jerrahi |