BANCARROTA ESPIRITUALSheikh Muzaffer Ozak
El Profeta bendito preguntó una vez: “¿Sabéis lo que significa estar en la bancarrota para un miembro de mi Comunidad?” Sus Compañeros respondieron: “Entre nosotros, el que está en la bancarrota es alguien que no tiene ni dinero ni bienes”. Pero el Mensajero bendito dijo: “En mi Comunidad, el que está en la bancarrota es aquel que se presenta en el Día de la Resurrección con sus oraciones, su ayuno y sus limosnas debidas, pero también como uno que ha denigrado a alguien, que ha acusado falsamente a alguien, que se ha apropiado indebidamente de los bienes de alguien, derramado la sangre de alguien y arruinado a alguien. Lo harán sentar mientras se paga una compensación por todo eso con sus buenas acciones; si sus buenas acciones se llegaran a agotar antes de que las cuentas estén arregladas, se extraerán los pecados de aquellos que ha dañado y se agregarán a los suyos. Luego será arrojado al Fuego”.
La fe se perpetúa mediante una conducta honesta, y una conducta honesta se perpetúa siguiendo la ética del Corán y el noble ejemplo del Mensajero. Esos son los medios por los cuales deberíamos corregir nuestros malos hábitos y cultivar el buen comportamiento. Aun cuando no podamos alcanzar ningún bien positivo, deberíamos al menos evitar los malos hábitos, porque estos pueden ser causa de que muramos sin fe y suframos el tormento eterno. En verdad, nuestro castigo se puede poner de manifiesto en este mundo.
Estas debilidades fatales incluyen la vanidad, el orgullo, la ira, la envidia y el deseo de riqueza y estatus. El amor a la riqueza da lugar a dos dolencias para las cuales ningún médico tiene la cura:
1. Glotonería 2. Sensualidad
Todas estas cosas mencionadas, son enfermedades espirituales. Aquellos a quienes aqueja cualquiera de ellas están absolutamente destinados a pagar el precio en este mundo y en el Más Allá, a menos que obtengan la ayuda y la guía divina y se libren de estas malas enfermedades mediante el arrepentimiento y la búsqueda de perdón.
La vanidad, o amor propio, es una enfermedad que aqueja comúnmente a la gente dogmática y santurrona. Satán trabaja sobre ellos incluso hasta el punto de hacerles perder el valor de sus oraciones, ayuno y peregrinación, engañándolos y haciéndoles creer que nadie mantiene los mandamientos de Dios tan bien como ellos. De esa manera frustra sus buenas acciones. Ese tipo de personas considera que sólo ellas son aptas para el Paraíso, mientras que encomiendan a todos los demás al Infierno. Empiezan a hacer todas las cosas, no en bien de Allah, sino para impresionar a otras personas. Esta seria aflicción se llama hipocresía. Algunos eruditos estudiosos han ido tan lejos como para llamar a la hipocresía politeísmo oculto.
El orgullo o arrogancia es ciertamente muy maligno y constituye una de las cualidades que más odia Allah. El arrogante es el enemigo de Allah. Pues la arrogancia causó la expulsión de Satán de la Misericordia Divina. Nuestro Maestro, el Bienamado del Señor, nos dijo que una persona en cuyo corazón haya tanto como un átomo de orgullo será incapaz de entrar al Paraíso. El orgullo santurrón es peor aún que la arrogancia recién descripta, porque esta última está dirigida en contra de otros, mientras que la primera es un sentimiento orientado hacía sí mismo , una forma de auto-amor.
La irascibilidad es lo opuesto a la placidez. Aquel que se levanta enojado usualmente se siente arrepentido. La rapidez para enojarse es un defecto de carácter muy serio. Uno no conseguiría que un creyente abandone su religión ofreciéndole un millón de dólares, pero si tiene un ataque de furia podría llegar a pronunciar tales blasfemias que toda religión y fe se irían volando. . .
La envidia también es una mala característica. Quema a su dueño exactamente como el fuego quema la madera. Lo arrastra al fuego incluso en este mundo, de modo que empieza a sufrir el tormento del Infierno incluso aquí.
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