SOBRE EL JIHAD AL-NAFS [LA LUCHA CONTRA EL EGO]

Por el IMAM HAKEEM TIRMIDHI (m. 320 H)

Traducido al inglés de su libro 'Aadaab al -muridin' [Reglas de Conducta para los Buscadores de Dios] Ed. Abdulfattah Abdullah Baraka, Cairo: Matba`at as-sa`adat, 1976.

 

I. Respecto al Murid (buscador) y lo que le ayuda o hiere en su camino hacia Dios, el más alto y cual debería ser su primer paso.

Hay dos clases de murid:

Aquellos que buscan la Gracia de Dios mediante Su adoración, cumpliendo con Sus órdenes y evitando Sus prohibiciones. Luego de ello, dedicándose a tantas buenas obras voluntarias como puedan, buscando a través de ellas salvación del fuego y obtención de las recompensas que Él ha preparado para los que trabajan para Él.

Otros se aproximan a Dios en adoración, mediante el cumplimiento de Sus mandatos y evitando Sus prohibiciones, para luego examinar su yo interno, encontrando en sus corazones muchas enfermedades, tales como el amor al mundo (dunya), el deseo ciego de poder, honor y grandeza, codicia, el horno de los deseos (shahawat), la conversación ociosa de pasiones inútiles (hawa), la ambición, la envidia, el amor a las alabanzas y cumplidos—todas ellas velos mundanales que enceguecen el corazón.

Tal corazón nunca puede encontrar el camino hacia Dios, si permanece manteniendo esas manchas, porque al amar el mundo él mismo se desprende y aleja de su Señor. Esta persona ama algo que Dios ha removido de Él mismo y que ha despreciado. Pedir y buscar grandeza es compararse uno mismo con Dios, el Más Elevado; en el horno de los deseos uno se enfrenta a las seducciones más grandes; y en la conversación ociosa de las pasiones inútiles descansa la tiranía misma y la aversión a los derechos de Dios, el Señor del Poder y la Majestad. Ese corazón se encuentra cubierto del velo que lo separa de la sabiduría y del entendimiento acerca de cómo Dios dispone de Sus asuntos.

Tal persona es un prisionero de su ego (asir an-nafs). Cumple con sus obligaciones mientras se encuentra atado al mundo, evita prohibiciones mientras permanece unido al mundo y, generalmente adora a Dios según su propia conveniencia. Éste es un siervo que debe tratar de descubrir la sinceridad en cada asunto, en cada acción, en cada momento, trabajando sobre su ego.

Quien desea la recompensa de Dios, El Señor del Poder y la Gloria, que se mantenga ocupado en este batalla y que se mantenga sincero en cada asunto a fin de purificar su adoración.

Para cualquiera que busque a Dios, el Más Alto, debe esmerarse y pedir sinceridad en el secreto de su corazón hasta que la puerta sea abierta para él. Cuando la puerta se abre y el regalo es otorgado, en ese momento el precio de su viaje será restituido con creces. Será fortalecido y continuará su camino, y mientras más avance, más incremento en su regalo obtendrá y continuará aún más allá. Esto no se detiene hasta que llega a Dios a través de su corazón (hatta yasil ilallah qalban). En ese momento, Dios lo nombra y designa, de acuerdo a su grado, y se convierte en un Amigo de Dios (waliyyullah). Él ha hecho que su corazón se mantenga quieto en la presencia de Dios por lo que recibió su designación y sustento. Desde ese punto él procede a trabajar con un corazón fortalecido con la Fuerza de Dios y con la riqueza proveniente de la Riqueza de Dios, con un ego sin faltas, libre de pecados y maldades. Él ha roto con las pasiones vanas y la ambición del honor y, así, se ha purificado a sí mismo.

Hemos encontrado referidos estos asuntos en dos libros:

El Entrenamiento del Ego (Riyadat an-nafs) y la Práctica de los Awliya (Sirat al awliya`), en los cuales serán encontradas, con el permiso de Dios, curas para todo aquel que aspire al conocimiento en esta materia.

Traducción al castellano por Musulmanes Peruanos

Fuente: As-Sunnah Foundation of America