3
de abril de 1998
VIAJE
A MEDINA
A
las 8:30 h A.M. llegamos a Al Madina Al Munawara (la Ciudad Luminosa). Uno
de los nuestros (Abduljabir de Melilla) se puso enfermo con una fuerte
faringitis y pasó el día en cama.
La
Mezquita de Medina es impresionantemente bella. Es gigantesca y sus arcos
y decoración del interior son indescriptibles. Es para verlo.
Fuimos
al Monte Uhud, no muy lejos de Medina. Allí está la tumba de Hamza
(Radia Al.lahu ánhu). También visitamos la mezquita de Quba´ donde el
Profeta Muhammad (Salal.lahu Alaihi ua Sal.lam) solía hacer salat y donde
ir a ella con la única intención de hacer dos rakat, equivale a hacer
una úmra completa. Después fuimos a la Mezquita de las dos Qiblas (Masyid
Al Qiblatain), en la que los primeros musulmanes hicieron la salat de la
tarde dirigiéndola hacia dos direcciones diferentes.
Empezaron
la salat mirando hacia Jerusalén (Al Quds), la primera qibla del Islam.
Pero durante la salat, les informó alguien que pasaba por allí y que sabía
que el Corán había descendido ese día con la orden de cambiar la
dirección de la qibla desde Jerusalén a Mecca (II, Al Baqara, La Vaca,
144: “Torna, pues, tu rostro hacia la mezquita custodiada”).
Enseguida, mientras estaban inclinados, se dieron la vuelta y finalizaron
ésta orientados hacia Mecca.
Por
la noche tenía fiebre, así que me apresuré a ir a la Tumba del Profeta
(S.A.S.) por si acaso al día siguiente quedaba impedido.
Sólo
el que ha estado delante de Él puede saber lo que se siente. Cuando estás
delante de su Tumba, sabiendo que está frente a ti...Sentí una gran
emanación de paz y bienestar y me sentí ruborizado porque estaba delante
del mejor hombre que ha habido en la Humanidad , lo mejor de la Creación
de Al.lah y yo un humilde joven español con apenas ocho meses en el
Islam.. No tardó en brotar un torrente incontrolable de lágrimas. Allí
olía muy bien. Hay un perfume muy especial.
A
su derecha estaba Abu Bakr y a la derecha de éste Omar Ibn Al Jattab. Les
saludé como está establecido en el Islam y después me giré hacia la
qibla y levanté mis manos para dar gracias a Al.lah por dejarme estar allí.
A
las 21: 30h me acosté. Estaba muy enfermo.
Mezquita
de Medina
4
de abril de 1998
DESPEDIDA
ANTE LA TUMBA DEL PROFETA (S.A.S.)
A
pesar de tener mucha fiebre, me levanté a primera hora para ir a la
Mezquita del Mensajero de Al.lah (S.A.S.) y tomar agua de Zam Zam que
traen desde Mecca y la ponen en unos bidones especiales con un grifo y
unos vasitos de usar y tirar.
A
las dos horas de tomar el agua milagrosa, mi fiebre y mi enfermedad habían
desaparecido por completo. Después llevamos agua en dos vasitos para el
hermano Abduljabir que yacía en la cama. Una vez la tomó no tardó mucho
en toser y arrojar el mal de su pecho. Poco después se levantó y mejoró
considerablemente. Los musulmanes tenemos una fe tan grande que podemos
conseguir cosas que otras personas no creerían jamás.
Fui
con Abduljabir a la Tumba Sagrada del Profeta Muhammad (S.A.S.). Esta vez
para despedirme de Él ya que esa misma noche concluía nuestra corta
visita a Medina. Tal vez nunca más tendré la oportunidad de estar frente
a Él.
Después
de la salat Al Assar visité el cementerio de Baqi Al-Garbat donde yacen
las esposas e hijas del Profeta (S.A.S.) así como los sahaba y más gente
de aquella época. Fue impresionante.
Por
la noche nos pusimos las vestiduras del ihram y partimos hacia Mina.
Tumba
de Mohammad (S.A.S.)
5
de abril de 1998
EL
PRIMER DÍA EN MINA
Nos
alojamos en un edificio con aire acondicionado. Somos unas 50 personas en
el edificio, es mejor que una jaima, aunque el aire acondicionado va a
causarnos más enfermedades. Alhamdulil.lah.
6
de abril de 1998
EL
DESIERTO DE ARAFAT
Nos
dirigimos a Arafat donde nos esperaba un día de tórrido y abrasador
calor. Estuvimos en una jaima con muchos hermanos más de todo el mundo.
Australianos, holandeses, franceses, sudaneses, argentinos, un mejicano,
etc. Resultaba muy chocante y bonito escuchar el castellano con acento
argentino en aquellas tierras.
Dedicamos
todo el tiempo al recuerdo de Al.lah, el arrepentimiento, solicitar perdón,
examen de conciencia y duaá. Hicimos la salat del Dohr y Assr juntas.
Después salí de la jaima y me alejé del grupo humano para buscar un
poco de soledad y de individualidad, porque lo necesitaba. Salí a unos
150 metros en aquella llanura ardiente en la que el agua de tu cuerpo
escapa a toda velocidad por los poros de forma que te puedes deshidratar
sin darte cuenta.
Busqué
un lugar solitario donde había 3 arbustos en flor (eran los únicos
vegetales que podían darme algo de sombra en toda la zona). Me coloqué
en medio de ellos y realicé mi duaá.
El
desierto de Arafat no es arenoso, es pedregoso, siendo de origen volcánico,
el paisaje es bellísimo, es una gran llanura con una cordillera montañosa,
donde se observan algunas hierbas, en su mayor parte gramíneas y algunas
plantas de hojas cerosas y carnosas para evitar la excesiva pérdida de
agua, otras tenían pinchos muy agudos, siendo muy semejantes a las
aliagas de nuestras tierras. El suelo contiene abundantes piedras graníticas
y basálticas que nos recuerdan su origen volcánico y que dan un tono
oscuro característico a aquel lugar.
Posteriormente
volví a la jaima con rapidez y tomé mucha agua para compensar la pérdida,
ya que me estaba mareando por la bajada de la tensión arterial. Tras
comer volví a salir con dos hermanos más para dirigirnos a las montañas
donde estaba la colina de la Misericordia. Allí encontramos más gente
subida a las rocas con las manos hacia el cielo... Era precioso.
Me
subí a un lugar alto, sobre una gran roca, levanté mis manos y viendo el
vacío ante mis pies podía imaginar a los ángeles revoloteando por allí,
podía sentir con gran intensidad a Al.lah (Subhanahu ua Taála). Después,
al bajar de la colina nos equivocamos de camino y estuvimos perdidos
durante horas al Sol, sin nada que nos cubriese. Hasta que el Sol empezó
a bajar y a esconderse por el horizonte. Entonces nos temimos lo peor, con
la oscuridad ya no nos sería posible orientarnos. Aunque allí había
mucha gente no sabíamos el nombre del lugar donde estaba la jaima y todos
los sitios nos parecían iguales. Pero justo antes de la partida de los
autobuses hacia Muzdalifa pudimos encontrar el camino hacia ellos. Al.lah
quiso terminar de purificarnos así. De este modo pensé en la enseñanza
que tenía esta prueba y me sugería lo fácil que es perderse en los
senderos de dunia y que uno siempre debe estar atento para no desviarse
del camino al estar rodeado de tanta fitna y tanto kufr, cuando volvamos a
nuestras tierras. Alhamdu lil.lah.
Por
la noche llegamos a Muzdalifa, con los pies rotos de tanto caminar y la
piel curtida por el Sol. Afortunadamente mi piel de color cetrino dispone
de un buen sistema de pigmentación que me protege de los rayos solares.
En este lugar pasamos la noche a la intemperie, lo cual se agradecía
porque la temperatura era muy suave. Recogimos las siete piedras para la
lapidación en Mina y recobramos un poco las fuerzas con una frugal cena.
Mientras buscaba las piedras pensaba que buscaba algo para defenderme
contra el mal y que tenía que prepararme para combatirlo. Este es un acto
simbólico muy significativo y enriquecedor.
Por
allí había una pared de una casa donde unos rápidos y ágiles reptiles
llamados gecos (parecidos a lagartijas) de color sonrosado y graciosos
ojos, la recorrían de arriba a abajo buscando insectos para alimentarse.
Uno
de los nuestros (Abd el Rahman) lo tuvieron que llevar en ambulancia ya
que padecía una fuerte gastroenteritis. El Hadj no es una prueba fácil.
7
de abril de 1998
EL
DÍA DEL AÏD. LA PRIMERA LAPIDACIÓN. TOCAR LA PIEDRA NEGRA Y LA PUERTA
DE LA KAÁBA
Es
mi primer Aïd Al Adhaa desde que entré en el Islam y curiosamente lo
pasaré en el Hadj. Alhamdu lil.lah.
Hicimos
la primera lapidación después de hacer la salat al Fayr. Nos dirigimos
al lugar donde se realiza en el cual hay tres monolitos (columnas de
piedra). Uno es grande, otro mediano y otro pequeño. En esta primera
ocasión debíamos lapidar el grande. Aquello era absolutamente increíble.
Me quedé mudo. Éramos miles de personas y entorno al monolito se
lanzaban cientos de piedras a la vez, que al chocar contra él, producía
un sonido crepitante muy parecido al de una gran masa de hormigas moviéndose
por entre las hojas secas de la selva. En cada lanzamiento se pronuncia
Bismil.lah, Al.lahu Akbar y en cada piedra que tiras sientes que se te va
parte de la vida en ella. Es la lucha contra el mal que yace en el
interior de todos los seres humanos, contra la parte negra de nuestros
corazones, contra el Shaytan.
Después
la multitud te arrastra y llegas a temer por tu integridad física, ya que
muchas personas no saben controlarse y sorprendentemente empiezan a
empujar sin que les importe pisar a alguien que se ha caído, de modo que
se producen algunas escenas de verdadero apuro. Así que el grupo de españoles
quedó roto y cada uno por su lado inevitablemente se perdió entre la
multitud. A mí, un río de gente me arrastró kilómetros abajo. Esta era
la tercera vez que me perdía, ya era todo un experto en ello. Como tenía
absoluta calma y confianza en Al.lah, no me preocupé ni lo más mínimo y
al final llegué al sitio donde nos alojábamos sin el menor esfuerzo...
Una
vez allí me corté el pelo. Este acto se realiza como sacrificio y acto
de humildad, ofreciendo a Al.lah una parte del cuerpo que es uno de los
atributos que en muchos casos adorna nuestro cuerpo. De esta forma salí
de nuevo del estado de sacralización (ihram) y me quité las telas
blancas, aunque después de tantos días ya estaban menos blancas. Se
sacrificaron los 13 corderos en nuestro nombre. Uno de nosotros fue para
verlo y hacer de testigo.
Por
la tarde fuimos a Mecca e hicimos Tawaf Al Ifada y completar así los
actos de este día. Yo me separé del grupo para hacer el Tawaf sin tener
que distraerme en estar pendiente de no perderme. Fue muy bonito.
Logré
tocar de nuevo la pared de la Kaába y pude colocar mi frente y mis manos
sobre ella deslizándome desde la esquina de Hijr Ismaïl hasta el Ruku
Yemeni, lugar que besé con gran devoción. Después toqué con la punta
de mis dedos la Piedra Negra (es muy difícil llegar a ella, hay mucha
gente empujando y lograrlo es todo un reto). Después llegué a la mismísima
puerta de la Kaába, la cual pude también tocar y me quedé literalmente
pegado a la pared de su lado derecho donde hice los duaát más
significativos, llorando como un niño recién nacido y agradeciendo al Señor
de los Mundos por todo cuanto me ha dado y entregándome a Su Voluntad
totalmente y para siempre. Esto supera cualquier otro sentimiento humano.
Cuando me recuperé un poco de tanta emoción, continué hasta llegar a la
urna donde están las huellas de Ibrahim (Alaihi Al Salam) y pude observar
las señales de dos grandes pies en la roca.
Regresé
exhausto al hotel de Mecca y a las 20 h. quedé dormido sobre mi cama como
un niño satisfecho y soñé con la Kaába, majestuosa entre la multitud.
Al
despertar me apresuré a volver a Mina. Esta noche trajeron a Abd el
Rahman del hospital. Su rostro reflejaba la enfermedad, pero estaba mejor.
8
de abril de 1998
SEGUNDA
LAPIDACIÓN
Recogimos
21 piedras pequeñitas para no lastimar a nadie en caso de que sin querer
la piedra se desvíe, echo que por desgracia es frecuente ya que muchas
personas no tienen paciencia de acercarse a la distancia adecuada al
monolito y tiran la piedra cuando falta mucho espacio, así podía verse a
muchas personas sangrando por la cabeza. A mí me propinaron dos buenas
pedradas también.
Con
cada 7 de ellas se apedrean cada uno de los tres monolitos, esta vez
empezando por el pequeño, después el mediano y luego el grande. De este
modo repetimos el acto de Ismaïl (pequeño), después el de Hadjar
(mediano) y el de Ibrahim (grande).
9
de abril de 1998
ÚLTIMA
LAPIDACIÓN OBLIGATORIA
Hoy
estamos todos con faringitis. El aire acondicionado nos ha preservado del
calor, pero nos ha causado la enfermedad. Volvimos a realizar el mismo
acto del día anterior. Unas horas antes de llegar nosotros habían muerto
más de 100 personas en una terrible estampida en el lugar de la lapidación.
Allí
quedaban los restos del horror. Una gran montaña de zapatillas, parasoles
doblados y gotas de sangre. La vida es así y ocurren cosas buenas y
malas. Hay más de dos millones de personas concentradas en un lugar y
estas cosas suelen ocurrir, aunque a mi juicio no se debe decir que es
normal que suceda. Estos hechos nos harán recordar que si cumpliéramos
el Islam tal y como Al.lah (Subhanahu ua Taála) nos lo indicó, nadie
empujaría a nadie y nadie pisaría a nadie, porque los musulmanes se
respetarían unos a otros y no habría motivo para que esto y otras muchas
cosas más que se ven allí sucedan. El Hadj es una de las mayores
escuelas de paciencia que existen. Debemos recordar que además de hacer
salat también tenemos que reflejar el Islam en nuestros actos, en
nuestras palabras, en nuestra educación... ¿Cuándo aprenderemos esto?
Mientras esto continúe así seguirá muriendo gente en Mina. No es más
que el reflejo de qué estamos haciendo con nuestro Islam a nivel
individual y colectivo. La Umma musulmana está dormida.
10
de abril de 1998
ÚLTIMO
DÍA EN MINA
Hoy
se ha realizado una lapidación, pero esta vez es voluntaria. Después se
volvió a Mecca.
11
de abril de 1998
REFLEXIONES
EN LA NOCHE
Estoy
en el hotel de Mecca. Me siento con más paciencia, tolerancia y libre
como un águila (que es a la vez libre, fuerte y poderosa). He aprendido
mucho de cuanto he vivido en este Hadj. Al.lah (Subhanahu ua Taála) ha
sido muy generoso conmigo. Estoy satisfecho y feliz.
Los
siguientes días transcurrieron con tranquilidad. Conocimos mejor la
ciudad de Mecca y hacíamos todas las salauat que podíamos en la Sagrada
Mezquita.
13
de abril de 1998
TORMENTA
ELÉCTRICA
Hoy
a la hora de la salat Al Magreb ha habido una tormenta tremenda y
espectacular. Estábamos en la planta superior de la Mezquita Sagrada, al
aire libre. Era bonito y a la vez daba miedo ver los rayos partiendo el
cielo con un ruido estrepitoso.
Esto
nos hacía pensar lo poco que somos y que el poder de Al.lah (S.T.) es
inmenso.
14
de abril de 1998
UN
NUEVO TAWAF VOLUNTARIO
A
las 11h. me he marchado solo andando desde el hotel (que está a las
afueras de Mecca, a 20 minutos a pie de Mina) hasta la Sagrada Mezquita
como sacrificio para Al.lah (S.T.). He regresado sobre las 16h, también
andando, cuando el Sol arrojaba sus rayos casi verticales con furia sobre
la tierra. Quise aprovechar las horas de más calor pensando que abría
menos gente alrededor de la Kaába, pero la verdad es que no hay hora en
que esto sea posible. Durante el tawaf volví a tocar la puerta de la Kaába
en la última vuelta. Después hice la salat Al Dohr en tercera fila detrás
de la Kaába y justo a unos 5 metros de su puerta, la cual quedaba
exactamente delante de mí. Era increíble acabar la salat, levantar la
cabeza y verla delante justo de mí.
El
calor era terrible. Al terminar sacié mi sed con agua de Zam Zam. Salí a
la calle y me metí por el inmenso zoco donde compré unos dátiles y
leche. Esta fue mi comida, lo que el Profeta (S.A.S.) solía comer. A
continuación volví cojo de un pie ya que del calor y tanto andar me salió
una buena bambolla en la planta del pie izquierdo, pero estaba muy alegre
pensando en cómo Al.lah iluminó mi corazón y en cada paso que daba
deseaba que quedase un poco de mi esencia espiritual en aquella tierra que
vio nacer al Profeta Muhammad (S.A.S.) y donde Ibrahim (A.S.) construyó
la Kaába. Mi piel a pesar de estar entrenada desde mi infancia a largas
horas de Sol en la serranía, empezaba a resentirse por la abrasión.
Cuando llegué al hotel mi rostro era como el de un mulato.